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El ADN es un polímero largo compuesto de unidades repetidas llamadas nucleótidos. Cada nucleótido contiene una de cuatro bases nitrogenadas:adenina (A), timina (T), citosina (C) o guanina (G). El orden preciso de estas bases a lo largo de la cadena de ADN contiene las instrucciones necesarias para construir cada proteína en un organismo.
Aunque el ADN utiliza sólo cuatro bases, puede especificar 20 aminoácidos diferentes que forman las proteínas. La clave está en la forma en que se leen las bases en grupos de tres, llamados codones o tripletes. Hay 64 codones posibles (4³) y cada uno se asigna a un aminoácido específico o a una señal de parada durante la traducción.
Por ejemplo, el codón ATG codifica la metionina, el aminoácido que inicia cada cadena de proteínas. Del mismo modo, TTT codifica fenilalanina, mientras que GGG codifica glicina. Algunos aminoácidos están representados por múltiples codones, una característica conocida como redundancia o degeneración del código genético.
Durante la transcripción, se produce una copia de ARN mensajero (ARNm) de la secuencia de ADN. Luego, el ribosoma lee los codones del ARNm, haciendo coincidir cada uno con el aminoácido correspondiente mediante el ARN de transferencia (ARNt). Estos aminoácidos están unidos entre sí, formando una cadena polipeptídica que se pliega en una proteína funcional.
En esencia, la secuencia de bases A, T, C y G en el ADN dicta la secuencia de aminoácidos en las proteínas, lo que demuestra cómo una molécula simple puede orquestar la compleja química de la vida.