Muchos cultivos (entre ellos las patatas, los plátanos y el árbol del pan) dependen del almidón como reserva energética a largo plazo. Este carbohidrato se almacena en orgánulos específicos llamados amiloplastos.
Durante la fotosíntesis, las plantas sintetizan glucosa. Como la glucosa libre es difícil de almacenar, se convierte en sacarosa para su transporte o se polimeriza en almidón. La polimerización une unidades de glucosa en largas cadenas que pueden almacenarse de forma segura dentro de las células.
Los amiloplastos son plastidios no pigmentados que se especializan en la biosíntesis del almidón. Toman glucosa, la ensamblan en gránulos de almidón y reubican estos gránulos en el estroma, la matriz espaciosa e incolora dentro del orgánulo.
El estroma proporciona un entorno de apoyo para los gránulos de almidón. En los tejidos de almacenamiento como tubérculos y rizomas, actúa como reservorio, permitiendo a la planta movilizar glucosa cuando necesita energía.
Cuando la planta necesita energía, el almidón se descompone enzimáticamente en glucosa, lo que impulsa el crecimiento, el metabolismo y la reproducción.