Por Doug Johnson – Actualizado el 24 de marzo de 2022
La fotosíntesis es la piedra angular de la vida en la Tierra, ya que convierte la luz solar, el agua y el dióxido de carbono en energía que alimenta a casi todos los organismos. Si bien las plantas son los autótrofos más reconocibles, el espectro de la vida fotosintética se extiende mucho más allá de las hojas verdes que vemos a diario. A continuación, analizamos los principales grupos que aprovechan la energía luminosa, destacamos sus contribuciones ecológicas y explicamos por qué un puñado de animales también participan en este proceso vital.
En las células vegetales, los cloroplastos (orgánulos especializados ricos en clorofila) realizan la fotosíntesis oxigénica. Estos orgánulos residen en las células de las hojas y otros tejidos verdes, convirtiendo la energía luminosa en glucosa y liberando oxígeno como subproducto. Los bosques, en particular los bosques tropicales, son responsables de aproximadamente el 20% del oxígeno atmosférico del planeta, lo que subraya el papel fundamental de las plantas en el sustento de la vida.
Las algas, que van desde microalgas unicelulares hasta grandes especies de algas marinas, también contienen cloroplastos y realizan la fotosíntesis. Aunque muchas especies son invisibles a simple vista, se pueden observar proliferaciones masivas de algas desde la órbita. El fitoplancton, un subconjunto de algas microscópicas, contribuye aproximadamente con el 70% de la producción global de oxígeno, lo que las convierte en las fábricas de oxígeno más prolíficas de la Tierra.
La teoría endosimbiótica postula que los cloroplastos se originaron a partir de cianobacterias de vida libre que entraron en las primeras células vegetales hace unos 1.500 millones de años. Esta asociación produjo los primeros organismos productores de oxígeno y preparó el escenario para una vida compleja. Mientras que las cianobacterias generan oxígeno a través de la fotosíntesis, otros grupos bacterianos, como las bacterias de azufre verdes y moradas, utilizan compuestos de azufre en un proceso anoxigénico distinto.
Aunque la mayoría de los animales son heterótrofos, algunas especies han desarrollado mecanismos para capturar la energía luminosa. Ciertas babosas marinas, por ejemplo, incorporan cloroplastos de su dieta de algas a sus propios tejidos, lo que les permite realizar una forma de fotosíntesis conocida como cleptoplastia. Esta adaptación proporciona una fuente de energía suplementaria, especialmente en entornos marinos pobres en nutrientes.
En general, la fotosíntesis es un motor universal que impulsa la biosfera, vinculando a autótrofos y heterótrofos en un ciclo continuo de flujo de energía e intercambio de nutrientes.