Cuando hablamos de los aviones más rápidos, podemos centrarnos en los aviones de combate actuales o mirar hacia atrás en cada prototipo que alguna vez despegó. Esto último nos da una imagen más rica del ingenio humano.
El X-43, un avión experimental no tripulado, ostenta el récord del avión más rápido jamás construido, alcanzando la asombrosa velocidad de Mach9,6.
Desarrollado en el marco del programa Hyper-X de la NASA, valorado en 230 millones de dólares, el X-43 superó los límites del vuelo hipersónico y demostró la viabilidad de velocidades superiores a nueve veces la velocidad del sonido.
Debido a su diseño, el X‑43 tuvo que ser transportado en el aire por un B‑52 antes de su lanzamiento. Cada vuelo duró sólo unos 10 segundos, tras los cuales la nave fue dada de baja intencionalmente.
Durante su primera prueba en 2001, un mal funcionamiento provocó que el vehículo explotara. Dos vuelos posteriores en 2004 alcanzaron Mach6,8 y Mach9,6 respectivamente, pero ambos fueron destruidos después de diez minutos de planeo sobre el océano.
Si bien el X-43 no estaba armado para el combate, sus orígenes en un programa federal con claras implicaciones militares llevaron a muchos expertos a considerarlo el avión de combate más rápido jamás construido.
El X-15, una empresa conjunta entre la NASA y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, era un avión de investigación propulsado por cohetes que alcanzaba velocidades superiores a Mach6.
En 1967, el piloto Pete Knight voló el X-15 a Mach6,72, un récord para un avión tripulado que aún se mantiene en la actualidad.
Después de 199 vuelos de prueba, el programa X-15 se retiró en 1968. Sus datos todavía sirven de base para la investigación hipersónica moderna.
El SR-71, desarrollado durante la Guerra Fría, era un avión de reconocimiento de alta velocidad que podía volar a Mach 3,30 por encima de 85.000 pies (25.908 m). La tripulación llevaba trajes presurizados para sobrevivir a la pérdida de presión en la cabina a tales altitudes.
Su velocidad y sigilo hicieron del Blackbird un símbolo de la superioridad aérea estadounidense y una piedra angular de la ingeniería aeroespacial.
El X‑2, una colaboración de 1945 entre Bell Aircraft, la USAF y la NACA, abrió nuevos caminos en vuelos supersónicos.
En 1956, el Capitán Mel Apt se convirtió en la primera persona en superar Mach3 al alcanzar Mach3,20. Desafortunadamente, el avión giró y se estrelló, y Apt no pudo desplegar su paracaídas a tiempo.
El YF-12 fue un prototipo de interceptor desarrollado por Lockheed para la USAF en los años 1960. Se construyeron tres y al menos uno alcanzó Mach3,20 durante las pruebas.
Las restricciones presupuestarias desviaron fondos del programa YF-12, pero su desempeño allanó el camino para futuros cazas de alta velocidad.
Diseñado durante la Guerra Fría, el MiG‑25 entró en servicio en 1970 con una velocidad máxima de Mach2,83. Era un interceptor formidable equipado con radar avanzado y misiles aire-aire.
En 1976, el piloto soviético Victor Belenko desertó a Japón en un MiG-25, lo que le dio a Estados Unidos una visión poco común de las capacidades del avión.
Aunque la producción cesó hace décadas, los MiG-25 han entrado en acción en conflictos como la Guerra Irán-Irak y la Guerra del Golfo Pérsico.
Basado en el legado del MiG‑25, el MiG‑31 entró en servicio en 1975. Comparte la misma velocidad máxima de Mach2,83 pero cuenta con radar, aviónica y estabilidad a baja altitud mejorados.
Actualmente permanece en servicio activo con la Fuerza Aérea Rusa (VVS).
— Este artículo fue creado con ayuda de IA y ha sido verificado y editado por un editor de HowStuffWorks.