• Home
  • Química
  • Astronomía
  • Energía
  • Naturaleza
  • Biología
  • Física
  • Electrónica
  • Por qué los científicos rechazan el concepto del "eslabón perdido" en la biología evolutiva

    Cuando los espectadores ven documentales sobre la historia de la Tierra, a menudo surge la frase "eslabón perdido". Pinta una imagen mental sorprendente:una figura mitad simio, mitad humana que emerge de la prehistoria para unir a la humanidad con sus antepasados. Sin embargo, los biólogos profesionales evitan este término; la mayoría de los expertos prefieren evitarlo por completo. Aunque pueda resultar evocador, el “eslabón perdido” es un concepto obsoleto que puede inducir a error y simplificar demasiado la ciencia evolutiva.

    Pensar en la evolución como una escalera implica una narrativa lineal, orientada a objetivos, que termina en una especie “superior”. En realidad, la evolución se desarrolla en una red compleja y ramificada. Las especies no aparecen en etapas ordenadas y bien definidas; en cambio, surgen, se diversifican y, en ocasiones, se extinguen en patrones impredecibles. Tratar la evolución como una secuencia de pasos puede dar la falsa impresión de un punto final, cuando en realidad cada punto de la historia de un organismo es parte de un proceso continuo.

    Existen características de transición a lo largo de las líneas de tiempo evolutivas, pero los científicos prefieren términos como "ancestro común" o "forma de transición". Estas designaciones reflejan cómo los nuevos descubrimientos amplían nuestro conocimiento del pasado en lugar de llenar los vacíos que faltan. El “eslabón perdido” sugiere un único puente que completa una cadena, lo cual rara vez ocurre, o nunca.

    El árbol de la vida, no la cadena de la vida

    En 1863, el paleontólogo Hugh Falconer escribió a Charles Darwin sobre el descubrimiento del Archaeopteryx. , un ave emplumada, parecida a un reptil, que encarnaba rasgos de ambos grupos. Si bien muchos medios de comunicación todavía lo etiquetan como un “eslabón perdido” entre los dinosaurios y las aves, Darwin evitó el término y nunca apareció en El origen de las especies. . El descubrimiento ilustró que la evolución se parece a un árbol:múltiples linajes se ramifican simultáneamente y los ancestros pueden coexistir con sus descendientes.

    En 2014, los investigadores describieron los restos de Cambaytherium thewissi de 55 millones de años de antigüedad. , un animal con pezuñas parecido a un jabalí alguna vez llamado el “eslabón perdido” entre los rinocerontes y los caballos. De hecho, el fósil era un primo del linaje que incluye caballos, rinocerontes y tapires, no un puente directo entre dos grupos. Tal etiquetado incorrecto subraya cómo la narrativa del “eslabón perdido” puede distorsionar la naturaleza verdadera e interconectada de la historia evolutiva.

    Etiquetar un fósil como eslabón perdido implica un puente único y definitivo entre dos especies. En la práctica, la evolución es un mosaico de cambios, callejones sin salida y linajes superpuestos. Fósiles de transición como Archaeopteryx Proporcionan vislumbres sobre patrones que continúan cambiando a medida que emerge nueva evidencia. Las representaciones mediáticas que simplifican estos descubrimientos corren el riesgo de oscurecer la realidad dinámica e intrincada de la ciencia evolutiva.

    Qué decir en lugar de “eslabón perdido”

    La persistencia del término en titulares y documentales se debe a una preferencia humana por narrativas lineales con comienzos, desarrollos y finales claros. Sin embargo, la realidad científica es mucho menos clara. Por lo tanto, los investigadores utilizan términos precisos como "ancestro común", "fósil de transición" o "grupo corona/tallo" para describir las relaciones evolutivas.

    Estas frases captan el matiz de que una especie puede compartir rasgos con múltiples grupos sin ser el único ancestro. Por ejemplo, una “forma de transición” puede exhibir características tanto de un grupo más antiguo como de uno más nuevo, lo que indica una historia evolutiva compartida en lugar de una conexión directa. Los “grupos de la corona” consisten en organismos vinculados por su último ancestro común, mientras que los “grupos de la corona” son parientes extintos que muestran algunos, pero no todos, rasgos del grupo de la corona. Estudiar ambos puede ayudar a los científicos a mapear el orden en que aparecieron los rasgos.

    Si bien ninguno de estos términos tiene el dramático atractivo del “eslabón perdido”, transmiten la complejidad y precisión de la biología evolutiva moderna. Al adoptar la terminología correcta, los científicos pueden comunicar mejor el intrincado entramado de vida que la ciencia ha descubierto.

    © Ciencias y Descubrimientos https://es.scienceaq.com