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Dentro del sector lácteo, la investigación frecuentemente se centra en optimizar el sabor, la nutrición y la producción. Sin embargo, un segmento cada vez mayor de científicos, incluido el Dr. Daniel Weary de la Universidad de Columbia Británica, se dedica a mejorar el bienestar de las vacas lecheras. El trabajo de Weary demuestra que estos animales son lógica y emocionalmente sofisticados, y un estudio de 2014 demostró que los terneros pueden desarrollar actitudes pesimistas después de ser separados de sus madres.
Las vacas exhiben habilidades cognitivas y sociales que rivalizan con muchas especies. Los estudios confirman que forman vínculos sociales intrincados, poseen una fuerte memoria a largo plazo e incluso mantienen amistades para toda la vida. Fundamentalmente, la conexión emocional entre una madre y su cría comienza en el nacimiento, lo que llevó al equipo de Weary a examinar cómo la separación temprana afecta este vínculo.
Las operaciones lecheras comerciales separan rutinariamente a los terneros de sus madres a los pocos días de nacer. Los terneros machos pueden venderse como carne de ternera, mientras que las hembras se someten a dolorosos procedimientos de descornado utilizando sierras, productos químicos o alambres. Para evaluar cómo ese trauma influye en los estados emocionales, el equipo de Weary entrenó a terneros para que vincularan las pantallas rojas con las golosinas. Cuando los investigadores introdujeron colores de tonos mixtos, los terneros que permanecieron con sus madres se acercaron fácilmente a las pantallas ambiguas, mientras que los que habían sido destetados y descornados recientemente dudaron, mostrando una desgana pronunciada. Estos hallazgos sugieren que los terneros traumatizados adoptan una postura pesimista y a menudo se niegan a participar.
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Etiquetar a una vaca como "pesimista" puede parecer antropomórfico, sin embargo, las investigaciones muestran consistentemente que los animales pueden desarrollar rasgos de personalidad duraderos que se reflejan en un comportamiento observable. En estudios como el de Weary, los investigadores evalúan el "sesgo de juicio" midiendo la disposición de un ternero a investigar estímulos desconocidos. La renuencia a adoptar un nuevo color de pantalla indica un sesgo negativo hacia la novedad.
El trauma puede alterar el carácter de un animal. En el experimento de Weary, los terneros fueron recompensados por acercarse a las pantallas rojas y se les dio un tiempo de espera por acercarse a las pantallas blancas. Cuando se les presentaron tonos de rosa intermedios, aquellos que todavía estaban con sus madres estaban dispuestos a arriesgarse a un tiempo de espera para recibir un posible premio, mientras que los terneros que habían sido separados y descornados tenían un 10% menos de probabilidades de acercarse. Su mayor sensibilidad al castigo por encima de la posibilidad de recompensa ilustra una perspectiva pesimista, un sello distintivo del sesgo de juicio negativo.
El panorama científico del siglo XXI ha remodelado nuestra percepción de la psicología bovina. Un artículo de la Universidad de París de 2009 reveló que el ganado puede distinguir a los miembros individuales de la manada, mientras que un estudio de 2019 de la Universidad de Sydney demostró que las vocalizaciones varían según el estado emocional, lo que sugiere que las vacas comunican sus sentimientos. Estos enfoques innovadores continúan iluminando la intrincada vida interior del ganado.