Por Sandra Parker | Actualizado el 30 de agosto de 2022
La resolución de ecuaciones algebraicas se reduce a un único principio:encontrar la incógnita. La clave es que cualquier operación que realices en un lado de la ecuación debe reflejarse en el otro, manteniendo intacto el equilibrio. Una vez equilibrada la ecuación, una serie de pasos aritméticos aislarán la variable y revelarán su valor.
Empiece por reducir la ecuación a su forma más sencilla. Eliminar operaciones superfluas como raíces cuadradas o exponentes reduce la complejidad. Por ejemplo, la ecuación 2t–29=7 ya está en su estado más simple y listo para ser manipulado.
El objetivo es conseguir la variable (aquí,t) de un lado y un único número del otro:t=(…) . Esto requiere realizar operaciones idénticas en ambos lados. Si sumas 29 al lado izquierdo para eliminar la resta, suma el mismo 29 al lado derecho para mantener la ecuación equilibrada:
2t–29=7
2t–29+29=7+29
2t=36
Divide ambos lados entre 2 para resolver el fuerte:
2t/2=36/2
t=18
Ahora la ecuación está resuelta.
Vuelva a introducir el valor en la ecuación original para confirmar que satisface la igualdad:
2(18)–29=7
36–29=7
7=7
El lado izquierdo es igual al lado derecho, lo que confirma que la solución es correcta.
Mantenga la ecuación equilibrada reflejando cada operación en ambos lados; el resto es una serie de pasos aritméticos que aíslan lo desconocido.