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Un huracán es un poderoso ciclón tropical que puede causar estragos en las comunidades costeras y del interior. Su gravedad depende de su tamaño, intensidad y de si toca tierra. Comprender la progresión desde la formación hasta el aterrizaje (y el daño asociado con cada categoría) ayuda a los residentes a prepararse y responder de manera efectiva.
Los huracanes se desarrollan sobre aguas oceánicas cálidas y profundas. El aire cálido de la superficie se eleva, formando imponentes nubes cumulonimbus. A medida que el aire asciende, el aire más frío entra, se calienta y asciende en un ciclo repetitivo que amplifica la actividad de las tormentas. Cuando las temperaturas de la superficie del mar superan aproximadamente los 26,5 °C (80 °F) y la cizalladura vertical del viento es baja, este proceso puede organizarse en una tormenta coherente y giratoria, que eventualmente se convierte en huracán.
Una vez que la tormenta se organiza, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) la clasifica en la escala de vientos de huracanes Saffir-Simpson. La escala clasifica las tormentas desde la Categoría 1 (las más débiles) hasta la Categoría 5 (las más destructivas) según la velocidad máxima sostenida del viento.
Incluso la categoría más débil puede causar daños importantes. Los posibles impactos incluyen:
El aumento de la fuerza del viento puede provocar:
Estas están clasificadas como tormentas importantes por la NOAA. Los daños previstos incluyen:
La intensidad de las tormentas importantes produce:
Las tormentas más catastróficas. Los impactos esperados son: