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  • Cómo la misofonía convierte los sonidos cotidianos en desencadenantes emocionales

    Chanakon Laorob/Getty Images

    A menudo son los ruidos más pequeños los que pueden perturbar nuestro día:un chip audible al masticarse, el clic de un bolígrafo o una respiración fuerte. Para algunas personas, estos sonidos provocan rabia intensa, ansiedad o disgusto que se sienten fuera de su control. Tal reacción puede indicar misofonía, un trastorno en el que señales auditivas específicas desencadenan una respuesta de lucha o huida.

    Las personas con misofonía experimentan una reacción fisiológica y emocional intensificada cuando se exponen a ciertos sonidos. Los desencadenantes varían ampliamente:una persona puede no verse afectada por la masticación, pero se irrita ante el sonido de un bostezo, mientras que otra reacciona fuertemente ante un grifo que gotea. Las respuestas pueden variar desde tensión interna hasta arrebatos impulsivos, especialmente en niños.

    La comunidad científica ha debatido durante mucho tiempo si la misofonía es un trastorno distinto. Aunque aún no figura en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, una definición de consenso de 2022 realizada por investigadores de psiquiatría, audiología y neurociencia reconoce formalmente la misofonía como un trastorno. Con esta clasificación, la investigación se está ampliando, pero aún queda mucho por saber.

    Lo que sabemos sobre la misofonía

    H_Ko/Shutterstock

    Las estimaciones actuales sugieren que alrededor del 20% de las personas experimentan misofonía, lo que la convierte en una afección común, aunque a menudo pasada por alto. Algunos estudios reportan una mayor prevalencia en mujeres, mientras que otros no encuentran diferencias de género. La misofonía suele coexistir con otros trastornos, como el TDAH, el trastorno de estrés postraumático y el tinnitus, y en ocasiones se considera un subtipo de hiperacusia:una mayor sensibilidad al volumen del sonido.

    La base neurológica de la misofonía sigue siendo difícil de alcanzar. Un estudio de resonancia magnética funcional de 2019 reveló que los desencadenantes misofónicos activan la corteza insular, la corteza cingulada anterior y la corteza temporal del hemisferio derecho más que los sonidos neutros. Estas regiones del cerebro integran información auditiva y emocional, lo que sugiere que un procesamiento atípico aquí puede ser la base de los síntomas del trastorno.

    Si bien aún no se dispone de una cura definitiva, la terapia puede ayudar a controlar los síntomas y desarrollar estrategias de afrontamiento. Los grupos de apoyo y las clínicas especializadas ofrecen recursos personalizados para ayudar a los pacientes a afrontar los desencadenantes auditivos diarios.

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