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  • El rayo de 2017 abarca 515 millas:el rayo más largo registrado gracias a sensores satelitales

    Fotografía de Boris Jordan/Getty Images

    El impresionante destello y el estruendo de un rayo han capturado durante mucho tiempo la imaginación humana, desde la música y los mitos hasta la ciencia. Sin embargo, la magnitud de estos acontecimientos a menudo escapa a la percepción cotidiana; Sin puntos de referencia claros, nos cuesta comprender hasta dónde puede llegar un rayo.

    Los rayos vienen en un amplio espectro de tamaños. El Servicio Meteorológico Nacional de EE. UU. informa que la extensión horizontal de un canal típico de nube a tierra varía de 2 a 10 millas, sin contar la intrincada red de ramas que se extienden hacia afuera. A pesar de su complejidad, los relámpagos son fundamentalmente la descarga de electricidad estática, un fenómeno que incluso un pequeño experimento de laboratorio de “relámpagos en una botella” puede replicar, iluminando la misma física básica que impulsa el deslumbrante despliegue de una tormenta.

    En el extremo, los meteorólogos han identificado recientemente un evento que batió récords:un rayo de 2017 que atravesó 515 millas a través de Estados Unidos. Aunque el ataque ocurrió el 22 de octubre de 2017, no se confirmó oficialmente hasta 2025, cuando un artículo en la revista de la Organización Meteorológica Mundial documentó el hallazgo. El extraordinario alcance fue capturado por el Geostationary Lightning Mapper (GLM) de la NOAA, un instrumento satelital que registra los rayos en el espectro infrarrojo.

    Los nuevos detectores de rayos significan nuevos récords

    La capacidad del GLM para monitorear todo el hemisferio occidental desde la órbita ha revolucionado nuestra comprensión de los rayos. El satélite, lanzado en 2016, rápidamente comenzó a documentar ataques sin precedentes. En 2020, GLM registró un recorrido de 477 millas a través de las Grandes Llanuras, un récord que se mantuvo hasta que el evento de Texas a Kansas de 2017 fue posteriormente confirmado como el verdadero campeón. La cobertura integral del GLM permite a los científicos reconstruir modelos tridimensionales de estos "megadestellos", revelando detalles que los detectores terrestres no pueden capturar.

    Anteriormente, los detectores de rayos terrestres dependían de redes de estaciones separadas, reconstruyendo la trayectoria de un impacto dentro de líneas de visión limitadas. El rayo más largo detectado por tales instrumentos fue un impacto de 200 millas en Oklahoma en 2007. Sin embargo, el único sensor montado en satélite del GLM puede detectar rayos en vastas franjas de tierra, lo que permite descubrir eventos que baten récords y que de otro modo pasarían desapercibidos.

    La física del impacto de un rayo megaflash

    El rayo no es una simple línea sino una red interconectada de brazos ramificados. Al catalogar los impactos récord, los científicos miden la distancia horizontal recorrida por esta red eléctrica. Un megaflash puede aterrizar simultáneamente en múltiples puntos del suelo, lo que requiere condiciones atmosféricas específicas para formarse.

    Los relámpagos se originan a partir de un diferencial de carga entre dos nubes (relámpagos intranube) o entre una nube y el suelo (relámpagos nube-tierra). Dentro de una tormenta, las colisiones entre el hielo y las gotas de agua liberan electrones, creando cargas separadas. Cuando el potencial eléctrico aumenta lo suficiente, la descarga sigue el camino de menor resistencia.

    Los paisajes planos como las Grandes Llanuras fomentan la formación de megadestellos que baten récords. La ausencia de obstáculos altos permite que la diferencia de carga entre la nube y el suelo permanezca uniforme en áreas extensas, creando las condiciones perfectas para que un rayo abarque cientos de millas. En consecuencia, muchas de las huelgas más largas del mundo han ocurrido en esta región, y es probable que en el futuro surjan poseedores de récords del mismo terreno.




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