Por Drew Lichtenstein Actualizado el 24 de marzo de 2022
Un compuesto es una sustancia formada por la combinación de dos o más átomos distintos. Cuando esos átomos se mantienen unidos por la atracción electrostática entre iones con cargas opuestas, el material resultante es un compuesto iónico.
Los compuestos iónicos constan de al menos un metal y un no metal. Un ion se forma cuando un átomo pierde o gana electrones, adquiriendo una carga positiva o negativa. El enlace iónico es una poderosa atracción entre estas especies cargadas.
Debido a sus fuertes enlaces iónicos, estos materiales son sólidos en condiciones normales. Exhiben una estructura reticular rígida, lo que explica sus altos puntos de fusión y ebullición. Un ejemplo familiar es la sal de mesa (NaCl), que cristaliza en una red cúbica de iones Na⁺ y Cl⁻. Si bien los compuestos iónicos suelen ser solubles en agua, la solubilidad no altera su estado sólido.
Muchos sólidos iónicos muestran propiedades similares a las de los metales:reflejan la luz (brillo), tienen altas densidades y conducen calor y electricidad cuando se funden o disuelven, aunque su conductividad en estado sólido es comparativamente baja.
La energía que mantiene unidos a los iones en la red se llama energía de red. Este enlace robusto hace que los compuestos iónicos sean resistentes al cambio, lo que da como resultado puntos de fusión que pueden alcanzar varios cientos de grados Celsius y puntos de ebullición muy superiores a los de las moléculas covalentes.
Comprender estos atributos (estructura sólida, características metálicas y enlaces iónicos fuertes) proporciona una idea de por qué los compuestos iónicos se comportan como lo hacen en la química cotidiana.