Por Blake Flournoy – Actualizado el 24 de marzo de 2022
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Durante siglos, el alcohol ha servido como desinfectante confiable. Los productos básicos modernos, como el alcohol isopropílico y los desinfectantes para manos a base de alcohol, dependen de soluciones de alcohol isopropílico o etílico. En el antiguo Egipto, el vino de palma se utilizaba para limpiar heridas y preservar los cuerpos. Sin embargo, la mayoría de los anuncios no llegan a explicar la fascinante química que permite al alcohol erradicar las bacterias.
El alcohol mata las bacterias desnaturalizando sus proteínas y disolviendo sus membranas celulares. Debido a que el alcohol es soluble en agua y en grasa, puede penetrar la bicapa lipídica protectora, alterar la estructura de las proteínas e incapacitar rápidamente a la célula.
El alcohol isopropílico y etílico son moléculas anfifílicas, lo que significa que contienen partes hidrófilas (amantes del agua) y lipófilas (amantes de las grasas). Esta doble afinidad les permite entremezclarse con los componentes lipídicos de las membranas bacterianas mientras interactúan simultáneamente con los interiores de proteínas acuosas. Cuando se exponen a una célula bacteriana, las moléculas de alcohol se insertan en la bicapa de fosfolípidos, lo que hace que la membrana sea más permeable al agua y hace que pierda su integridad estructural.
Las bacterias están compuestas principalmente de agua, pero su maquinaria celular (proteínas, enzimas y componentes de membrana) depende de estructuras estrechamente plegadas. Las proteínas consisten en largas cadenas de aminoácidos que se pliegan en formas precisas necesarias para funciones como la motilidad, la replicación y la evasión inmune. Estas proteínas residen en un citoplasma acuoso y están rodeadas por una envoltura lipídica que protege a la célula de su entorno.
Una vez que el alcohol se infiltra en la membrana, continúa penetrando más profundamente, rodeando las proteínas intracelulares. Las moléculas de alcohol forman enlaces de hidrógeno con cadenas laterales de aminoácidos, rompiendo las interacciones no covalentes que mantienen la estructura tridimensional de una proteína. Este proceso, conocido como desnaturalización, hace que las proteínas se desdoblen y pierdan funcionalidad. Con tanto la membrana como las proteínas comprometidas, la célula bacteriana no puede sostener procesos vitales y muere rápidamente.