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La principal ventaja de la reproducción sexual es la generación de diversidad genética, lo que permite a las poblaciones resistir mejor los desafíos ambientales. La meiosis, la división celular especializada que crea gametos (esperma y óvulo), mezcla el material cromosómico para producir esta diversidad.
En los humanos, la meiosis comienza con una célula diploide que contiene 46 cromosomas. A través de una serie de replicaciones del ADN y dos divisiones sucesivas, la célula produce cuatro gametos haploides, cada uno con 23 cromosomas. El proceso se puede visualizar de la siguiente manera:una ronda de replicación duplica el número de cromosomas a 92, la primera división lo reduce a 46 y la segunda división lo reduce nuevamente a la mitad a 23 por gameto.
Al inicio de la meiosis, los cromosomas homólogos (pares de gemelos no idénticos, uno heredado de cada padre) se emparejan e intercambian segmentos de ADN. Este intercambio, llamado entrecruzamiento, crea nuevas combinaciones de alelos en cada cromosoma, aumentando la variación genética presente en los gametos.
Después del entrecruzamiento, los pares de cromosomas homólogos se distribuyen de forma independiente en los cuatro gametos resultantes. Esta segregación aleatoria garantiza que cada gameto reciba un conjunto único de cromosomas, lo que amplifica aún más la diversidad genética en toda la población.
Durante la metafase I, los pares de cromosomas homólogos se alinean en el plano ecuatorial de la célula de manera independiente de otros pares. En consecuencia, la orientación de cada par es aleatoria, lo que lleva a la distribución independiente de los cromosomas maternos y paternos en gametos. Este mecanismo garantiza que cada gameto porta sólo una copia de cada gen, sean las dos copias idénticas o no.