En 1845, el paleontólogo británico Sir Richard Owen anunció el descubrimiento de una nueva especie basándose en fósiles descubiertos en Sudáfrica. A partir de un único fragmento de cráneo, llamó a la criatura Dicynodon. —Latín para “dos dientes caninos”—y señaló que la variación de tamaño entre los especímenes sugería un clado diverso.
Si bien el anuncio de Owen cautivó a la comunidad científica, una pintura rupestre del pueblo san de Sudáfrica, fechada entre 1821 y 1835, parece representar un dicinodonte casi una década antes. Esta obra de arte proporciona evidencia de que los cazadores indígenas estaban registrando hallazgos paleontológicos mucho antes de que los científicos europeos comenzaran las excavaciones sistemáticas.
Los dicinodontes pertenecen al grupo de los terápsidos, el linaje evolutivo que finalmente dio origen a los mamíferos modernos. Surgieron hace unos 270 millones de años en el Pérmico, sobrevivieron a la extinción masiva del final del Pérmico (la más grave de las cinco grandes extinciones de la Tierra) y continuaron hasta el Triásico, coexistiendo con los primeros dinosaurios.
Dentro del clado Dicynodon se han identificado más de 70 géneros, que van desde el tamaño de pequeños roedores hasta el gigantesco Lisowicia bojani. de Polonia, que rivalizaba con los elefantes modernos. Su pico y colmillos distintivos los marcan como reptiles herbívoros que desempeñaron un papel fundamental en sus ecosistemas.
La pintura San presenta un animal con colmillos prominentes y una textura de piel irregular, ambas características de los fósiles de dicinodonte. La pose de la representación refleja la posición de “muerte extendida” observada en numerosos esqueletos de dicinodontes en todo el mundo.
Ubicada en la región de Karoo, un punto de acceso a fósiles de dicinodontes, la obra de arte sugiere que los cazadores san estaban descubriendo y registrando estas antiguas criaturas mucho antes de que los exploradores europeos comenzaran a excavar el área. Esta idea desafía las narrativas eurocéntricas sobre descubrimientos paleontológicos y destaca el rico conocimiento científico arraigado en las culturas indígenas.
El reciente estudio de Julien Benoit, publicado en PLOS One, sostiene que el arte indígena puede revelar información paleontológica no explotada, e insta a la comunidad científica a reconocer e integrar estas contribuciones.
Hoy en día, muchas comunidades san enfrentan dificultades socioeconómicas y su patrimonio cultural está amenazado. Reconocer sus primeras contribuciones a la comprensión del pasado de la Tierra no solo honra su legado sino que también enriquece la ciencia moderna con diversas perspectivas.