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El infame caso de Jack el Destripador sigue siendo el crimen sin resolver más notorio de la historia. En 1888, un asesino brutal asesinó y mutiló a cinco mujeres en el empobrecido distrito de Whitechapel en el Londres victoriano, apuntando a trabajadoras sexuales y víctimas dependientes del alcohol. Los investigadores de la época carecían de herramientas forenses modernas y el misterio ha estimulado innumerables intentos de identificar al asesino durante los últimos 150 años. Un reciente trabajo de ADN en un chal que se cree pertenece a una víctima ha reavivado el debate sobre la identidad del asesino.
En 2007, el historiador Russell Edwards adquirió un chal que se cree que es el único artefacto físico superviviente de las escenas de Whitechapel. La prenda, vinculada a Catherine Eddowes –la cuarta víctima canónica– lleva manchas de sangre y semen. Edwards le pasó el chal a un biólogo molecular para que lo analizara. En 2014, los investigadores anunciaron una coincidencia del 100% del ADN con Aaron Kosminski, un barbero polaco que había vivido en Londres seis años antes de los asesinatos y que tenía 23 años en el momento de los asesinatos. Los antecedentes psiquiátricos de Kosminski y su posterior confinamiento en un asilo en 1889, donde murió en 1919, alimentaron aún más la especulación de que él podría haber sido el asesino.
El informe de 2014 se publicó en el tabloide The Daily Mail y nunca fue revisado por pares, lo que generó críticas inmediatas de la comunidad forense. En respuesta, el equipo realizó pruebas adicionales, esta vez con descendientes de Kosminski y Eddowes. Dado que el ADN mitocondrial (ADNmt) puede ser heredado por toda la descendencia, los investigadores afirmaron que hacer coincidir el ADNmt del chal con el linaje de Kosminski reforzaba el argumento. Su estudio de seguimiento apareció en el Journal of Forensic Sciences, pero también enfrentó escrutinio.
Las principales preocupaciones incluyen la ausencia de datos detallados sobre variantes (proporcionados para proteger la privacidad de las familias involucradas) y las limitaciones inherentes del ADNmt. Si bien el ADNmt puede confirmar la falta de relación entre muestras, ofrece un poder discriminatorio limitado y puede generar numerosas coincidencias potenciales. Además, la procedencia del propio chal sigue siendo incierta; No hay pruebas definitivas de que haya sido sacado de la escena del crimen o de que realmente perteneciera a CatherineEddowes.
Incluso con tecnología avanzada, el ADN de más de un siglo de antigüedad puede verse comprometido y no se puede descartar la posibilidad de contaminación o degradación. En consecuencia, el vínculo entre Aaron Kosminski y Jack el Destripador sigue siendo especulativo y está lejos de ser concluyente.
Si bien la evidencia de ADN ha proporcionado una pista tentadora, el caso de Jack el Destripador continúa exigiendo un escrutinio científico riguroso y revisado por pares antes de que se puedan sacar conclusiones definitivas.