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¿Por qué lloramos? Ya sea en momentos de alegría o de tristeza, las lágrimas son una experiencia humana definitoria. Sin embargo, la capacidad de llorar emocionalmente sigue siendo un fascinante enigma evolutivo. Mientras que muchos animales producen lágrimas para lubricar y proteger los ojos, sólo los humanos parecen derramar lágrimas en respuesta a los sentimientos.
Los científicos clasifican las lágrimas humanas en tres categorías:lágrimas basales, que mantienen la humedad; lágrimas reflejas, provocadas por irritantes como el polvo o la cebolla; y lágrimas emocionales, liberadas durante emociones intensas. Las lágrimas basales y reflejas ocurren en todo el reino animal, pero las lágrimas emocionales parecen exclusivas de nosotros.
El origen evolutivo del llanto emocional no está claro. No parece proporcionar una ventaja obvia para la supervivencia; no se conoce ningún beneficio de filtrar agua salada cuando se está abrumado. Aun así, las lágrimas emocionales son una parte profundamente arraigada de la experiencia humana y a menudo se utilizan como indicador de la intensidad emocional.
A pesar de décadas de investigación, sigue siendo difícil encontrar una explicación definitiva. Una hipótesis destacada sugiere que las lágrimas sirven como una señal social:un grito no verbal de ayuda que provoca empatía y apoyo de los demás. Al mostrar visiblemente vulnerabilidad, el llanto puede fortalecer los vínculos sociales y promover el cuidado cooperativo en las primeras comunidades humanas. Desde este punto de vista, el llanto podría ser producto de la selección del grupo.
Otra línea de investigación vincula el llanto con la regulación emocional, involucrando al sistema nervioso autónomo que controla acciones involuntarias como los latidos del corazón y la dilatación de las pupilas. Como señala el profesor emérito Jay Efran de la Universidad de Temple, el llanto, al igual que la risa, surge cuando el cuerpo pasa entre estados emocionales intensos. La mayoría de los investigadores coinciden en que el llanto funciona como una liberación de la tensión emocional acumulada.
Algunos bioquímicos, incluido William Frey, sostienen que las lágrimas ayudan a eliminar toxinas y hormonas del estrés. Sin embargo, los críticos señalan que la cantidad de estas sustancias expulsadas a través de las lágrimas probablemente sea demasiado pequeña para afectar significativamente el estado emocional. Por tanto, la explicación más convincente combina la señalización social con la regulación emocional.
Muchos animales vocalizan, muestran dolor y exhiben comportamientos que sugieren tristeza. Sin embargo, la evidencia actual indica que los humanos siguen siendo únicos en derramar lágrimas emocionales. Dicho esto, varios casos insinúan la posibilidad de llanto emocional en otras especies.
En 2014, los rescatistas observaron lágrimas brotando de Raju, un elefante liberado de 50 años de cautiverio abusivo en Uttar Pradesh, India. Se sabe que los elefantes lloran e incluso entierran a sus crías, y algunos investigadores, como el profesor emérito Marc Bekoff de la Universidad de Colorado, sugieren que los elefantes pueden llorar de manera similar a los humanos.
Los perros proporcionan otro ejemplo intrigante. Un estudio de 2022 de la Universidad de Azabu en Japón encontró que los perros producen más lágrimas cuando se reúnen con sus dueños después de una separación prolongada, probablemente debido a aumentos repentinos de oxitocina. Si bien esto demuestra un vínculo entre la excitación emocional y la producción de lágrimas, no confirma que los perros experimenten llanto emocional en el sentido humano.
El desafío radica en verificar objetivamente la experiencia interna de otra especie. Sin un lenguaje compartido o una forma de acceder al estado subjetivo de otro animal, atribuir lágrimas emocionales a no humanos corre el riesgo de antropomorfismo. Por el contrario, asumir que los animales carecen de una profundidad emocional comparable simplemente porque no son humanos también refleja un sesgo.
Por ahora, el llanto emocional sigue siendo un misterio claramente humano, aunque la capacidad de sentir profundamente parece extenderse más allá de nuestra especie. La investigación continua puede iluminar aún más esta compleja interacción de la biología, la psicología y la dinámica social.