Esin Deniz/Shutterstock
Cada nuevo descubrimiento sobre los neandertales cambia nuestra percepción de su intelecto. La visión que alguna vez fue errónea de que eran meros habitantes de cavernas con cerebros pequeños está dando paso rápidamente a evidencia de una cognición sofisticada.
Los neandertales, una especie humana arcaica, habitaron Europa, el suroeste de Asia y Asia central hace aproximadamente 400.000 a 40.000 años. Su distribución geográfica se superpuso con la de los primeros Homo sapiens, y los datos genéticos confirman el mestizaje entre los dos linajes.
Esa superposición también puede explicar por qué desaparecieron los neandertales. A medida que los humanos modernos se expandieron hacia el norte y el oeste, sus territorios de caza invadieron los de los neandertales, lo que provocó un declive demográfico.
Si bien continúa el debate sobre si la competencia, el conflicto o la asimilación genética impulsaron su desaparición, la explicación más plausible incorpora los tres. No obstante, el registro arqueológico revela que los neandertales poseían habilidades cognitivas más cercanas a las nuestras de lo que se imaginaba anteriormente.
La expresión artística a menudo se considera exclusivamente humana, pero es posible que los neandertales hayan compartido este impulso. Un estudio de 2024 realizado por investigadores de la Universidad de Málaga y la Universidad de Burgos descubrió fósiles marinos entre un cementerio de neandertales. Los fósiles no tenían ningún valor utilitario evidente, lo que sugiere que los neandertales los recogieron para su apreciación estética o adorno personal.
Coleccionar tales curiosidades implica una imaginación capaz de valorar los objetos más allá de su función inmediata, un sello distintivo del pensamiento abstracto.
Gorodenkoff/Shutterstock
Los neandertales desarrollaron de forma independiente complejas industrias de herramientas de piedra mucho antes de un contacto significativo con el Homo sapiens. Su conjunto "musteriano" incluye lanzas, hachas y raspadores finamente labrados, lo que indica técnicas avanzadas de talla.
Más allá de las armas, confeccionaban ropa con pieles, usaban raspadores para limpiar las pieles y punzones para perforar agujeros. La evidencia sugiere que cosían prendas con tendones o tiras de cuero, mostrando su conocimiento textil.
El control de incendios es quizás la prueba más convincente del ingenio neandertal. Aunque las herramientas directas para hacer fuego rara vez sobreviven, varios sitios revelan hogares controlados y restos carbonizados, lo que confirma prácticas sistemáticas de cocción y calefacción.
Ostapenko Oleksandra/Shutterstock
Si bien el habla no puede preservarse arqueológicamente, varias líneas de evidencia apuntan a la capacidad lingüística. Los entierros simbólicos, la deposición ritual de adornos y las estructuras sociales complejas sugieren una capacidad de comunicación simbólica.
Los estudios genéticos revelan que los neandertales poseían un hueso hioides completo, una estructura clave para el habla articulada. Reevaluaciones recientes de la morfología del tracto vocal desafían las limitaciones anteriores propuestas por Lieberman y Crelin, lo que indica que los neandertales podían producir una amplia gama de sonidos.
Combinados, estos hallazgos respaldan la opinión de que los neandertales participaban en interacciones sociales complejas, probablemente compartiendo ideas y conocimientos.
Denis-art/Getty Images
Los neandertales se organizaron en grupos familiares de 10 a 30 individuos, comparables a las bandas de cazadores-recolectores contemporáneos. Estos grupos requerían una cooperación coordinada para la caza, el refugio y el cuidado de los heridos, lo que refleja vínculos sociales intrincados.
Las interacciones intergrupales habrían fomentado jerarquías y alianzas, reflejando la dinámica social vista en las sociedades humanas modernas. El registro arqueológico también muestra evidencia de cuidado de personas heridas, lo que subraya la responsabilidad comunitaria.