Puede resultar inquietante que nuestro cuerpo entre en un estado de parálisis durante el sueño, pero esta es una parte normal y protectora del ciclo del sueño. El fenómeno, conocido como parálisis del sueño, ocurre cuando una persona toma conciencia pero no puede moverse. Si bien varía en intensidad, la experiencia es generalmente incómoda y rara vez deseada.
El mecanismo exacto detrás de la parálisis del sueño sigue siendo un tema de investigación en curso. La mayoría de los expertos lo relacionan con la etapa del sueño de movimientos oculares rápidos (REM), el período en el que se producen sueños vívidos. Durante el período REM, el cerebro induce atonía muscular (una parálisis temporal de los músculos esqueléticos) para evitar que representemos físicamente nuestros sueños. Esta medida protectora también inhibe muchos reflejos que dependen del control muscular voluntario.
Un reflejo notablemente afectado es el estornudo, una respuesta evolutiva diseñada para expulsar partículas extrañas de las fosas nasales. Mientras está despierto o en etapas de sueño más ligero, el cuerpo puede detectar irritantes, activar el nervio trigémino y coordinar el diafragma, el pecho y las cuerdas vocales para expulsar el aire. Sin embargo, en el sueño REM, las mismas vías neuronales que impiden la realización de los sueños también suprimen el reflejo del estornudo, lo que hace que estornudar sea imposible durante esta fase.
El sueño REM no es la etapa más profunda del sueño, pero sí es profunda. Durante este período, el sistema nervioso central está sorprendentemente activo, pero el sistema motor esquelético entra en un estado de atonía muscular. Las vías bioquímicas precisas que establecen esta parálisis se han estudiado ampliamente.
Un estudio histórico de 2012 publicado en el Journal of Neuroscience investigó la atonía REM en ratas e identificó dos sistemas de neurotransmisores clave que colaboran para inducir la parálisis muscular:el ácido gamma-aminobutírico (GABA) y la glicina. Estos químicos inhiben las células cerebrales responsables de iniciar la actividad muscular, silenciando efectivamente la producción motora durante el sueño REM.
A medida que continúan las investigaciones, los científicos descubren más sobre el intrincado equilibrio entre la parálisis protectora del sueño REM y el mantenimiento de las funciones corporales básicas. Durante el período REM, a las personas no solo se les impide moverse, sino también toser, sentir hambre, hipo o estornudar.
Si bien la supresión de los estornudos durante la etapa REM puede parecer contradictoria (especialmente si se considera la necesidad del cuerpo de limpiar las fosas nasales), este efecto es temporal y se limita a la etapa REM. En las etapas más ligeras del sueño, la mucosa nasal aún puede detectar irritantes, lo que despierta momentáneamente al individuo y provoca un estornudo. La parálisis completa del reflejo del estornudo durante la fase REM es una consecuencia directa de los mismos mecanismos neuronales que impiden la representación de los sueños.
Comprender la ciencia detrás de la parálisis REM no solo desmitifica las molestias ocasionales de la parálisis del sueño, sino que también resalta las intrincadas salvaguardas que emplea nuestro sistema nervioso para protegernos durante el sueño.