La inteligencia es un rasgo multifacético que abarca la capacidad de adquirir conocimientos, aplicar la lógica y resolver problemas. A pesar de su importancia, medirlo sigue siendo un tema de debate entre los científicos.
En 2016, varios titulares sensacionalistas afirmaron que la inteligencia se deriva principalmente de la genética materna, citando una publicación de blog que agregaba datos de estudios que abarcaban desde 1972 hasta 2012. Estos informes simplificaban un panorama complejo, ignorando los matices de la herencia genética y la influencia ambiental.
Los defensores de la teoría del gen materno señalan los cromosomas sexuales:las mujeres poseen dos cromosomas X, mientras que los hombres tienen un X y un Y. Como los hombres heredan su único cromosoma X exclusivamente de sus madres, el argumento sugiere que los niños reciben los genes relacionados con el coeficiente intelectual de sus madres. Sin embargo, este razonamiento pasa por alto que las hijas reciben un cromosoma X de sus padres e ignora la amplia gama de genes autosómicos que también contribuyen a la capacidad cognitiva.
Un estudio de 2006 publicado en el British Medical Journal examinó la lactancia materna y el coeficiente intelectual infantil y descubrió que "el coeficiente intelectual materno tiene el mayor efecto independiente". El estudio no midió el coeficiente intelectual paterno, lo que deja abierta la posibilidad de que la genética paterna pueda ser igual o más influyente. Además, los experimentos con ratones de la década de 1980 sugirieron que los genes femeninos podrían contribuir más a la corteza cerebral, mientras que los genes masculinos influyen en el sistema límbico. Aunque intrigantes, estos hallazgos no se trasladan directamente a los humanos.
Estudios recientes de asociación del genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés) pintan un panorama más complejo. Un PLOS One de 2014 Un estudio en el que participaron 7.100 participantes identificó miles de polimorfismos de un solo nucleótido (SNP) relacionados con la capacidad cognitiva general, lo que indica una arquitectura altamente poligénica.
Investigaciones posteriores, como una Psiquiatría molecular de 2015 artículo, confirmó múltiples SNP significativos en todo el genoma. Una revisión de 2016 en la misma revista destacó la dificultad de identificar loci específicos responsables de la heredabilidad, lo que socava las afirmaciones de una única fuente de gen materno.
En 2018, un estudio histórico publicado en Nature Communications examinó a 300.486 individuos y encontró 148 loci independientes en cromosomas autosómicos asociados con la función cognitiva; ninguno en el cromosoma X, lo que desafía aún más la hipótesis del gen materno.
Si bien la genética contribuye aproximadamente con el 50% de la variación en el coeficiente intelectual (aunque las estimaciones pueden variar), los factores ambientales son igualmente fundamentales. Un PLOS One de 2012 El estudio relacionó la edad paterna con la inteligencia del niño, pero también enfatizó la educación de los padres, el estatus socioeconómico y la dinámica entre hermanos como predictores importantes.
Una revisión de 2022 en Psiquiatría molecular Reiteró que miles de variantes genéticas independientes explican cada una una fracción minúscula de la variación de la inteligencia, lo que subraya una base genética compleja. Paralelamente, un Boletín Psicológico de 2022 El artículo destacó la maleabilidad de la inteligencia:si bien es hereditaria, puede mejorarse o disminuirse a lo largo de la vida mediante el aprendizaje, el enriquecimiento y la experiencia.
Ante esta evidencia, las afirmaciones de que la inteligencia se hereda exclusivamente de la madre carecen de respaldo científico. La inteligencia surge de un mosaico de contribuciones genéticas de ambos padres, moldeadas y refinadas por experiencias ambientales.