Imagínese a una persona levantando las orejas sin esfuerzo. Si bien la mayoría de nosotros no podemos replicar este movimiento, un pequeño porcentaje conserva el control voluntario sobre los músculos auriculares, un rasgo vestigial que ofrece información intrigante sobre la evolución humana y la neurología.
Los músculos auriculares (superior, anterior y posterior) rodean la oreja y alguna vez desempeñaron un papel crucial en los primeros homínidos. Al remodelar el pabellón auricular, nuestros antepasados podían canalizar el sonido hacia el tímpano, aumentando la conciencia sobre posibles depredadores. Aunque estos músculos ahora se clasifican como vestigiales, investigaciones recientes indican que permanecen activos durante la escucha concentrada, especialmente en ambientes ruidosos, lo que sugiere un papel en el procesamiento de la atención en lugar del movimiento reflexivo.
Nuestra capacidad para mover las orejas disminuyó hace aproximadamente 25 millones de años, coincidiendo con la pérdida de las estructuras de la cola. Sin embargo, una minoría de personas todavía puede manipular estos músculos. Un estudio de 1995 publicado en Perceptual and Motor Skills examinó a 442 participantes y descubrió que el 22 % podía mover una oreja y el 18 % podía mover ambas simultáneamente; los hombres tenían más probabilidades de controlar ambas orejas.
Si bien la razón evolutiva exacta sigue siendo incierta, una hipótesis postula que los sistemas visual y vocal se volvieron tan refinados que la movilidad del oído ya no era esencial para la supervivencia, lo que llevó a una reducción gradual de su función. No obstante, el estudio 2025 Frontiers in Neuroscience demostró que los músculos auriculares están más activos de lo que se pensaba, aunque en gran medida de forma involuntaria.
El control de estos músculos depende de la rama temporal del nervio facial y del nervio auricular posterior. En la mayoría de las personas, las vías de materia blanca que permitirían la activación voluntaria de estos nervios están inactivas. Quienes mantienen vías activas pueden mover conscientemente sus oídos. Este fenómeno refleja una variación individual en el desarrollo neuronal y sugiere una habilidad motora latente que puede tener implicaciones neurológicas más amplias.
Curiosamente, un estudio de Medical Hypotheses de 2014 propuso que mover las orejas podría ayudar a la recuperación de una lesión cerebral. El requisito de la tarea de una planificación motora profunda parece estimular los mecanismos de reparación neuronal, lo que sugiere que este "truco de fiesta" también podría tener fines terapéuticos.
En resumen, si bien mover las orejas es un rasgo poco común, subraya la complejidad de la evolución humana, la adaptabilidad de nuestro sistema nervioso y el potencial de los músculos vestigiales para influir en la salud cognitiva.