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A medida que el otoño marca el comienzo de una temporada espeluznante, muchas personas afirman haber encontrado fantasmas. Si bien el folclore y la cultura popular continúan alimentando estas historias, la comunidad científica no encuentra evidencia de que existan fantasmas. Aún así, la creencia en lo sobrenatural está muy extendida y las razones detrás de ella tienen sus raíces en la psicología, la cultura y la neurobiología.
Cuando nos encontramos en un estado intenso de miedo o ansiedad (como caminar solos por la noche y esperar un paso detrás de nosotros), nuestro sistema nervioso activa una respuesta de “lucha o huida”. El ritmo cardíaco aumenta, la conciencia sensorial se agudiza y el cerebro se vuelve más sintonizado con los cambios sutiles en el entorno. Un estudio del Reino Unido de personas que informaron experiencias paranormales encontró que los avistamientos eran más frecuentes cuando los participantes estaban bajo estrés, lo que sugiere que el modo de hiperalerta del cerebro puede crear encuentros ilusorios con lo invisible.
Después de una pérdida traumática, el cerebro busca patrones y significado. Como dijo a la BBC la experta en percepción de patrones Jennifer Whitson:"Si el cerebro no puede obtener el control objetivamente, lo conseguiremos percibiendo más estructuras a nuestro alrededor, incluso si no existen". Este mecanismo de protección puede manifestarse como la presencia percibida de un ser querido, una visita en un sueño o incluso una sensación sutil de que alguien lo está cuidando. Estas experiencias son comunes en el proceso de duelo y ofrecen consuelo emocional, pero no confirman actividad sobrenatural.
Ciertas condiciones neurológicas pueden alterar la percepción visual y espacial. Los trastornos que afectan el lóbulo occipital u otras áreas de procesamiento de la visión pueden hacer que las personas vean objetos en movimiento que no existen. Las alteraciones de la autoconciencia o las anomalías de la unión temporoparietal pueden dar la sensación de una presencia cercana. Los factores externos como la falta de sueño, el consumo de sustancias o ciertos medicamentos también pueden distorsionar la percepción, lo que lleva a interpretaciones erróneas de los fenómenos ordinarios.
La creencia en la vida después de la muerte es un tema cultural común y, naturalmente, se extiende a la idea de que los muertos pueden aparecer a los vivos. Las encuestas ilustran esta convicción generalizada:una encuesta del Huffington Post/YouGov de 2013 encontró que el 45% de los estadounidenses cree en fantasmas, y una encuesta de Pew Research de 2009 informó que el 18% cree haber visto uno personalmente, mientras que el 29% afirma haber estado en contacto con los muertos. Estas estadísticas resaltan cómo las narrativas culturales dan forma a las experiencias personales.
La ciencia ofrece explicaciones plausibles para los avistamientos de fantasmas (respuestas al estrés, mecanismos de consuelo relacionados con el duelo y factores neurológicos), todos los cuales dependen de funciones cerebrales bien documentadas. Si bien la tendencia humana a encontrar significado en lo desconocido sigue siendo fuerte, la ausencia de evidencia empírica respalda la opinión de que los fantasmas son una construcción cultural y psicológica más que una realidad paranormal.
Ya sea que seas escéptico o estés intrigado, la temporada te invita a explorar historias, visitar sitios supuestamente embrujados y reflexionar sobre la ciencia detrás del misterio.