Betabloqueantes, una clase ampliamente recetada de antagonistas de los receptores β‑adrenérgicos , son más conocidos por controlar afecciones cardiovasculares como insuficiencia cardíaca congestiva y arritmias. Las tendencias de prescripción recientes muestran un aumento notable en su uso para los trastornos de ansiedad, especialmente para la ansiedad relacionada con el desempeño.
Durante una respuesta de lucha o huida, la adrenalina (epinefrina) y la noradrenalina (norepinefrina) aumentan, uniéndose a los receptores β-adrenérgicos en el corazón y aumentando la frecuencia cardíaca. Los betabloqueantes ocupan estos receptores, disminuyendo el impacto de las catecolaminas y disminuyendo la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Este efecto fisiológico es lo que los hace atractivos para condiciones en las que el corazón acelerado genera ansiedad.
Alrededor del 31% de los estadounidenses experimentarán un trastorno de ansiedad en algún momento de sus vidas. Un síntoma característico es el aumento de la frecuencia cardíaca, que puede desencadenar un circuito de retroalimentación que intensifica la ansiedad. Al amortiguar la respuesta cardíaca, los betabloqueantes pueden interrumpir este ciclo.
Una revisión sistemática publicada en 2025 concluyó que la evidencia actual no respalda a los betabloqueantes como tratamiento primario para los trastornos de ansiedad generalizada. Muchos estudios eran pequeños, anticuados y de alcance limitado. Una revisión separada centrada en el propranolol, uno de los betabloqueantes más comunes, también encontró pruebas insuficientes para el uso amplio de ansiolíticos.
A pesar de los datos limitados sobre el tratamiento de la ansiedad a largo plazo, los betabloqueantes han demostrado ser útiles para ansiedades situacionales específicas. Por ejemplo, un estudio encontró que el 57% de los músicos usaban un betabloqueante antes de las audiciones, y muchos médicos los recetan para la ansiedad ante los exámenes o para hablar en público. Estos medicamentos proporcionan una reducción rápida y a corto plazo de los síntomas físicos sin los efectos secundarios sedantes de las benzodiazepinas.
Los pacientes deben seguir las indicaciones de un proveedor de atención médica y controlar los efectos secundarios, como mareos o fatiga. Los betabloqueantes no sustituyen la psicoterapia ni los planes de medicación a largo plazo, pero pueden ser un complemento valioso en escenarios específicos.
En resumen, es mejor reservar los betabloqueantes para la ansiedad relacionada con el rendimiento o situaciones agudas en las que el corazón acelerado es la principal preocupación. Para la ansiedad generalizada o crónica, la evidencia favorece otras opciones terapéuticas.