El ritmo agónico, a menudo denominado ritmo cardíaco agónico, es un evento cardíaco en etapa tardía que indica una muerte inminente. Se caracteriza por una actividad eléctrica irregular y notablemente ralentizada confinada a los ventrículos, mientras que las aurículas dejan de funcionar. Debido a que los ventrículos ya no bombean sangre de manera eficiente, el suministro de oxígeno a los tejidos se ve gravemente comprometido, lo que lleva a una rápida insuficiencia orgánica.
Este ritmo suele surgir durante la fase terminal de un infarto de miocardio o después de un paro cardíaco prolongado. Otros factores precipitantes incluyen sobredosis de drogas, hipoxia, lesión cerebral traumática grave o hemorragia masiva. La intervención estándar sigue siendo la reanimación cardiopulmonar (RCP), aunque la ventana para una reanimación exitosa se reduce a medida que el ritmo avanza hacia la asistolia.
En un electrocardiograma (ECG), el ritmo agónico aparece como complejos ventriculares inusualmente anchos e irregulares, a menudo con una frecuencia cardíaca inferior a 20 latidos por minuto. A diferencia de la asistolia, que se presenta como una línea plana, el ritmo agónico todavía muestra una actividad eléctrica débil, un indicador de que el corazón está a punto de detenerse por completo.
El término "agonal" proviene de la raíz griega que significa "agonía", pero la experiencia para el paciente está lejos de ser dolorosa. Cuando aparece este ritmo, el paciente está completamente inconsciente y es poco probable que sienta dolor. Sin embargo, el tronco del encéfalo puede retener una actividad mínima, produciendo movimientos o vocalizaciones involuntarios que pueden parecer alarmantes para los observadores.
Ser testigo de una escena así puede resultar emocionalmente angustioso para familiares y amigos. Comprender la fisiología subyacente puede proporcionar cierta tranquilidad. Según expertos de la Cleveland Clinic , el oído es el último sentido que se desvanece antes de la muerte. Incluso si el paciente no puede percibir el sonido conscientemente, pronunciar palabras tranquilizadoras puede ofrecer consuelo tanto al individuo como a sus seres queridos.
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