• Home
  • Química
  • Astronomía
  • Energía
  • Naturaleza
  • Biología
  • Física
  • Electrónica
  • Tragar chicle:mitos, riesgos para la salud e impacto ambiental

    Disparo de píxeles/Shutterstock

    Uno de los mitos más persistentes es que tragar un chicle permanecerá en el estómago durante siete años. Esta afirmación es tan infundada como la idea de que las semillas de sandía se convertirán en un melón dentro de ti. En realidad, el chicle que se traga se comporta como otros alimentos no digeribles (como la celulosa de las hojas de maíz) y normalmente pasa por el tracto digestivo en un plazo de 24 a 48 horas, suponiendo que no surjan complicaciones.

    Si bien es poco probable que un solo y pequeño trozo de chicle cause daño, la ingestión de grandes cantidades en un período corto puede provocar bloqueos poco comunes pero graves. Existen informes de niños pequeños que presentaron estreñimiento y requirieron la eliminación médica de masas de encías considerables del recto, y un caso involucró a un niño de 18 meses con un bulto pegajoso que contenía chicle y varias monedas. Estos incidentes subrayan que el consumo excesivo de chicle puede justificar una visita al hospital, aunque tales eventos son poco comunes.

    El chicle en sí tiene beneficios documentados cuando no se ingiere. El acto de masticación puede estimular la motilidad gastrointestinal, lo que puede ayudar en la digestión. Las investigaciones indican que los pacientes post-cirugía colorrectal que mascan chicle durante la recuperación experimentan una restauración más rápida de la función gastrointestinal. Además, masticar chicle con sabor a menta se ha asociado con un mejor rendimiento cognitivo y niveles reducidos de cortisol, lo que ayuda a aliviar el estrés relacionado con los exámenes.

    Chicle sintético:problemas de salud y contaminación ambiental

    Tunatura/Getty Images

    El chicle moderno ya no se elabora con chicle natural, la savia del árbol de chicozapote. En su lugar, los fabricantes utilizan bases de goma sintéticas como estireno-butadieno, acetato de polivinilo y polietileno. Si bien la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. considera que estos materiales son seguros para el contacto con alimentos, no están destinados a la ingestión. Las investigaciones emergentes sugieren que la exposición prolongada a plásticos de calidad alimentaria puede provocar una acumulación de microplásticos en el estómago y el hígado, lo que podría desencadenar respuestas inflamatorias. Aún no está claro si escupir chicle o tragarlo altera la deposición de microplásticos, pero la posibilidad plantea preocupaciones legítimas sobre la seguridad de las bases de chicle sintéticas.

    Más allá de la salud personal, el chicle desechado contribuye significativamente a la contaminación ambiental. Debido a que las bases sintéticas son esencialmente plásticas, la goma de mascar abandonada puede persistir en el medio ambiente durante décadas, formando una fuente de microplásticos. Sólo en el Reino Unido, se estima que se gastan más de 9 millones de dólares anualmente en la eliminación y limpieza de las encías. Si bien estos esfuerzos mitigan la propagación de microplásticos, la solución más efectiva es desechar adecuadamente el chicle en lugar de tirarlo al suelo o tragarlo.

    © Ciencias y Descubrimientos https://es.scienceaq.com