1. Respiración aeróbica: Esta vía requiere oxígeno y es la forma más eficiente de producir energía (ATP) a partir de glucosa. Implica cuatro etapas principales:
* glucólisis: La glucosa se descompone en piruvato. Esto ocurre en el citoplasma.
* oxidación de piruvato: El piruvato se convierte en acetil-CoA, que ingresa a las mitocondrias.
* ciclo de ácido cítrico (ciclo de Krebs): Acetil-CoA se oxida, generando portadores de electrones (NADH y FADH2).
* cadena de transporte de electrones: Los electrones de NADH y FADH2 se pasan a lo largo de una cadena de proteínas, lo que impulsa la producción de ATP.
2. Respiración anaeróbica (fermentación): Esta vía no requiere oxígeno y es menos eficiente que la respiración aeróbica. Solo involucra la glucólisis y un paso posterior que regenera NAD+ (necesaria para que la glucólisis continúe). Hay dos tipos principales de fermentación:
* Fermentación de ácido láctico: El piruvato se reduce a lactato. Esto es común en las células musculares durante el ejercicio intenso.
* Fermentación alcohólica: El piruvato se convierte en etanol y dióxido de carbono. Esto es utilizado por levadura y algunas bacterias.
¿Qué determina qué vía se está utilizando?
La presencia o ausencia de oxígeno es el factor principal que determina qué vía se usa.
* Si hay oxígeno disponible: La célula utilizará la respiración aeróbica, ya que produce significativamente más ATP.
* Si el oxígeno es limitado o no disponible: La célula cambiará a la respiración anaeróbica, lo que le permitirá continuar generando un ATP incluso sin oxígeno.
Otros factores también pueden influir en qué vía se usa, incluyendo:
* El tipo de celda: Los diferentes tipos de células tienen diferentes necesidades metabólicas y pueden favorecer una vía sobre otra.
* La disponibilidad de otras fuentes de energía: Si hay otras fuentes de energía disponibles (por ejemplo, ácidos grasos), la célula puede no depender de la glucosa tanto.
* Condiciones ambientales: Factores como la temperatura y el pH también pueden afectar las vías metabólicas.
Es importante recordar que las células pueden cambiar entre estas vías dependiendo de su entorno y necesidades. Esta flexibilidad permite que las células se adapten a las condiciones cambiantes y mantengan la producción de energía.