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Durante décadas, el interior de la Luna ha sido objeto de especulación. Una investigación reciente, publicada en mayo de 2023, presenta pruebas convincentes de que el núcleo lunar es sólido y no fundido. El estudio también encuentra que la densidad del núcleo es comparable a la del hierro, lo que sugiere sorprendentes paralelismos con el propio núcleo de la Tierra.
Recopilar datos sobre el núcleo de un planeta es muy difícil, mucho más cuando el cuerpo es un satélite distante. No obstante, dichas investigaciones son vitales; en la Tierra, el núcleo interno alimenta el campo geomagnético que nos protege de la dañina radiación cósmica.
Dado que la hipótesis predominante sostiene que la Luna se formó a partir de desechos generados por un impacto del tamaño de Marte con la Tierra primitiva, es razonable esperar rasgos de composición similares en ambos cuerpos. La evidencia emergente apoya esta noción.
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A diferencia de la Tierra, la Luna prácticamente no tiene atmósfera ni campo magnético, lo que la hace vulnerable al bombardeo de meteoritos y a la conocida superficie llena de cráteres. Sin embargo, esta falta de protección externa no implica un interior inactivo.
Los modelos actuales indican un núcleo metálico denso compuesto principalmente de hierro con un contenido menor de níquel. Aunque sólido, el núcleo es relativamente pequeño:ocupa aproximadamente el 20% del diámetro de la Luna, en comparación con aproximadamente el 50% del núcleo de la Tierra. El manto y la corteza envuelven este núcleo y están en gran parte estancados.
Si bien es probable que el núcleo en sí sea sólido, el manto de la Luna aún puede albergar bolsas de material fundido. Los estudios de química lunar apuntan a un interior magmático que alguna vez fue vigoroso, donde los elementos pesados se hundieron hacia el centro mientras que los materiales más livianos ascendieron hacia la superficie, enfriándose con el tiempo.
Un estudio de 2011 publicado en Science examinó los sismogramas y sugirió que hasta el 60% del núcleo de la Luna podría ser líquido. Sin embargo, ese análisis también indicó un núcleo interno sólido rodeado por una capa externa parcialmente líquida.
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Nuestra comprensión del interior de la Luna se basa en tres fuentes de datos principales:observaciones telescópicas terrestres, sensores remotos de misiones lunares robóticas y muestras de rocas devueltas por los astronautas. El más revelador de ellos provino de la detección de clastos de anortita en la superficie (estructuras que se forman sólo en un ambiente fundido), lo que confirma que la Luna alguna vez experimentó un océano de magma global.
Por tanto, gran parte de lo que inferimos sobre el interior lunar se extrapola a partir de pruebas limitadas. Los científicos reconocen lagunas importantes en nuestro conocimiento y cada nueva medición ofrece la posibilidad de revisión.
A pesar de estas incertidumbres, el consenso apunta hacia un núcleo sólido con un manto magmático, que se hace eco de la estructura interna de la Tierra, aunque en menor escala. El núcleo de la Luna parece ser un gemelo cercano, aunque más débil, del nuestro.