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  • Explicación de los conceptos erróneos comunes sobre la evolución

    Corredor rojo rebelde/Shutterstock

    En 1858, los naturalistas ingleses Charles Darwin y Alfred Russel Wallace llegaron de forma independiente a la misma conclusión innovadora:las poblaciones de organismos vivos cambian con el tiempo mediante la selección natural. En agosto de ese año presentaron conjuntamente un documento ante la Linnean Society de Londres titulado "Sobre la tendencia de las especies a formar variedades; y sobre la perpetuación de variedades y especies mediante medios naturales de selección". Ese artículo marcó el comienzo oficial de la biología evolutiva moderna y sigue siendo uno de los marcos más sólidos para explicar la historia de la vida en la Tierra.

    Más de 160 años después, la evolución sigue siendo una de las teorías científicas más revolucionarias, incomprendidas y tergiversadas. Aunque no requiere creencia, es una teoría comprobable, observable y fuertemente respaldada. Una mala comprensión de sus principios fundamentales puede afectar a casi todos los rincones de la sociedad humana.

    Destilar una teoría biológica compleja en conversaciones cotidianas, titulares de los medios o lecciones en el aula es un desafío, pero comprender cómo funciona la evolución profundiza nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo. En las secciones siguientes aclaramos algunos de los conceptos erróneos más comunes.

    La evolución no produce “progreso”

    Yaroslav Kushta/Getty Images

    Un malentendido frecuente es que la evolución siempre crea organismos más inteligentes, más fuertes, más rápidos o perfectamente adaptados a su entorno. Este sesgo antropocéntrico pasa por alto la realidad:la evolución moldea a las especies para que sean lo suficientemente aptas para sobrevivir, no para que alcancen un estado ideal. La selección natural y la mutación no garantizan resultados totalmente optimizados; a veces producen rasgos que son neutrales o incluso desventajosos. Los humanos todavía somos portadores de muchas enfermedades genéticas, pero nuestra especie persiste.

    No existe un concepto inherente de progreso en la teoría de la evolución. El mundo natural cambia, se desplaza y evoluciona, pero imponer una narrativa de "progreso" es una construcción humana sin base científica.

    La evolución no es intencional

    Wong Yu Liang/Getty Images

    Otro mito común es que la evolución tiene intención, como si los organismos evolucionaran “para hacer” algo. Este marco alimenta los argumentos creacionistas y es científicamente inexacto. La evolución es un proceso, no una decisión consciente. Por ejemplo, en las regiones de EE. UU. donde los champús contra los piojos son comunes, los piojos químicamente resistentes se vuelven más frecuentes. El rasgo de resistencia probablemente existía en una minoría de la población; el champú eliminó a los que carecían de él, permitiendo que prosperaran los piojos resistentes. El cambio no es una respuesta al champú sino un evento de selección natural.

    Al igual que el fondo arenoso de un río que filtra el agua, el entorno ejerce presión sin intención consciente.

    La evolución puede ser rápida

    lewystaylor/Shutterstock

    A menudo se supone que la evolución requiere milenios, pero pueden ocurrir cambios mensurables en tan solo unas pocas generaciones. Los pinzones terrestres medianos de las Galápagos (observados por primera vez por Darwin) experimentaron un aumento del 4% en el tamaño promedio del pico durante un puñado de generaciones después de una sequía de 1977 que los obligó a alimentarse de semillas más grandes.

    En 2008, los investigadores documentaron cambios rápidos en las lagartijas italianas introducidas en Pod Mrčaru en 1971. En 40 años, los sistemas digestivos y el tamaño de la cabeza de las lagartijas se adaptaron a una dieta rica en celulosa vegetal, lo que ilustra la evolución impulsada por nuevas presiones ambientales.

    Los humanos todavía están evolucionando

    Andriy Onufriyenko/Getty Images

    La evolución es un proceso continuo; El homo sapiens sigue cambiando. Hace entre 6.000 y 10.000 años, una mutación en el gen OCA2 probablemente produjo los primeros ojos azules en la región del Mar Negro, un evento genético único que se propagó rápidamente. Hace treinta mil años, una mutación en el gen EDAR dio lugar a un cabello grueso y liso. La persistencia de la lactasa, la capacidad de digerir la lactosa hasta la edad adulta, surgió hace unos 7.000 años en las poblaciones del norte de África y se extendió por Europa. En el África subsahariana, un gen FLT1 alterado reduce el riesgo de malaria en el útero para los hijos de algunas mujeres.

    Estos ejemplos demuestran que la evolución humana está en curso y continuará en direcciones imprevistas.




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