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Durante la mayor parte de su historia, los cielos de la Tierra estuvieron gobernados por gigantes con mandíbulas llenas de dientes afilados. Sin embargo, el Nigersaurus taqueti, de 105 millones de años, era un herbívoro gentil y lucía la asombrosa cantidad de 500 dientes. Su cráneo se asemeja a un clip de carpeta moderno, y las filas rectas de dientes son un sello que desconcertó a los científicos durante décadas.
Nigersaurus, que se pronuncia "nee-zhay-r-sore-us", deriva su nombre de Níger, el país donde aparecieron los primeros huesos en la década de 1960. Aunque los fósiles se descubrieron temprano, el gran volumen de material significó que pasaron 30 años antes de que la especie fuera reconocida formalmente.
El paleontólogo Paul Sereno, que dirigió el equipo que describió la especie, quedó inicialmente sorprendido por la forma inusual de la mandíbula e incluso consideró como posibilidad un pez celacanto. Sin embargo, las tomografías computarizadas revelaron un detalle sorprendente:cada mandíbula tenía filas y filas de dientes, totalizando más de 500.
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Tanto la mandíbula superior como la inferior del Nigersaurus contenían aproximadamente 60 dientes delgados en forma de agujas. Si bien 60 dientes por mandíbula podrían sugerir sólo 120 dientes, la realidad es mucho más compleja. Las imágenes por tomografía computarizada descubrieron que cada diente era parte de una columna, o "batería dental", que constaba de 5 a 10 dientes individuales apilados verticalmente. Esta disposición permitió al Nigersaurus reemplazar rápidamente los dientes desgastados.
Con un ciclo de reemplazo estimado de solo dos semanas, Nigersaurus contaba con la rotación de dientes más rápida entre los dinosaurios conocidos. El mecanismo funcionaba como una cinta transportadora:a medida que los dientes exteriores se desgastaban, el siguiente diente de la columna subía para reemplazarlo, mientras que se formaba un nuevo diente en la base.
¿Por qué una sustitución tan rápida? En el Cretácico las gramíneas aún no habían evolucionado. Nigersaurus se alimentaba de plantas ricas en sílice, como las colas de caballo, que desgastaban los dientes rápidamente, exigiendo un ciclo de renovación constante.
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Como saurópodo, Nigersaurus compartía un cuello largo y un cuerpo macizo con parientes más conocidos como Brontosaurus, Brachiosaurus y Diplodocus. Sin embargo, era una oveja negra:con sólo unos 30 pies de largo y poco más de cuatro toneladas, era comparable a un elefante, mucho más pequeño que los gigantes de su época, como Patagotitan.
Su cuello más corto significaba que no podía alcanzar las copas de los árboles, lo que le daba una estrategia de pastoreo y una morfología de mandíbula únicas. Al igual que otros saurópodos, Nigersaurus tenía huesos huecos llenos de aire que reducían el peso corporal, lo que le permitía moverse eficientemente a pesar de su tamaño.
Desafortunadamente, la naturaleza frágil de estos huesos ha complicado los estudios, dejando muchos aspectos de este extraordinario dinosaurio aún envueltos en el misterio.