Esta visión, enraizada en textos religiosos como la Biblia y otras escrituras religiosas, propuso que:
* Un ser divino (o seres) creó todas las formas de vida directamente. Esto significaba que las especies eran fijas e inmutables, y su diversidad fue el resultado de un acto deliberado de creación.
* La tierra era relativamente joven, probablemente solo unos pocos miles de años. Este plazo fue incompatible con la vasta historia geológica y biológica que ahora entendemos.
Esta explicación se llevó a cabo durante siglos, volviéndose profundamente entrelazados con creencias religiosas y normas culturales. No fue hasta el siglo XIX, con el surgimiento del naturalismo y el desarrollo de la teoría evolutiva de Charles Darwin, que la comprensión científica de los orígenes de la vida comenzó a cambiar.