1. Protección y nutrición:
- Las semillas proporcionan una capa protectora alrededor del embrión en desarrollo, protegiéndolo de condiciones ambientales duras como el secado, las fluctuaciones de temperatura y los depredadores.
- También contienen un suministro de alimentos (endospermo) para el embrión, lo que le permite germinar y establecerse sin dependencia inmediata de los recursos externos.
2. Dispersión y colonización:
- Las semillas se dispersan fácilmente por el viento, el agua o los animales, lo que permite que las plantas colonizaran nuevas áreas.
- Este mecanismo de dispersión permitió a las plantas escapar de la competencia con sus plantas matrices y explotar nuevos entornos.
3. Latencia:
- Las semillas pueden ingresar a un estado latente, permitiéndoles sobrevivir períodos de condiciones desfavorables (por ejemplo, sequía, invierno) y germinar solo cuando las condiciones son favorables.
- Esta característica permitió que las plantas se propague y colonizaran incluso entornos duros o impredecibles.
4. Aumento de la aptitud:
- La producción de semillas permitió el desarrollo de ciclos de vida más complejos y diversos en las plantas terrestres, contribuyendo en última instancia a su éxito evolutivo.
- Esta mayor complejidad permitió a las plantas explotar una gama más amplia de recursos y adaptarse a diversos entornos terrestres.
En contraste, las plantas acuáticas ancestrales:
* Confió en el agua para la fertilización y la dispersión de esporas, haciéndolas vulnerables a secarse en tierra.
* Tenía una capacidad limitada para sobrevivir a condiciones duras como sequía o temperaturas extremas.
En resumen:
La producción de semillas proporcionó a las plantas la protección necesaria, la dispersión y los mecanismos de latencia para superar los desafíos de la vida terrestre y prosperar en una amplia gama de entornos. Fue una innovación evolutiva clave que permitió a las plantas colonizar y dominar la tierra.