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La corteza terrestre es la capa sólida más externa del planeta. Forma el suelo sobre el que caminamos y su espesor varía desde aproximadamente 5 kilómetros (3 millas) en regiones oceánicas delgadas hasta aproximadamente 65 kilómetros (40 millas) debajo del interior continental. Debajo de la corteza se encuentra el manto superior.
La litosfera está formada por la corteza más la porción superior del manto. Su espesor varía de 60 a 180 millas (95 a 290 kilómetros). Esta capa rígida alberga las placas tectónicas que impulsan la tectónica de placas. Debajo se encuentra la astenosfera, una capa dúctil parcialmente fundida que permite que la litosfera se mueva.
Una sección transversal de la Tierra revela una disposición concéntrica:un núcleo interno sólido, un núcleo externo líquido, múltiples capas de manto y una delgada corteza externa. La litosfera ocupa la corteza y el manto sólido superior; la astenosfera representa la zona fundida del manto superior.
La maleabilidad de la astenosfera permite que la litosfera que la recubre se deslice, permitiendo el movimiento de las placas tectónicas. Este movimiento da forma a montañas, trincheras, terremotos y volcanes. El calor del manto derrite la roca circundante, suavizando la astenosfera y facilitando la deriva de las placas.
Las interacciones de las placas modifican la superficie del planeta de distintas maneras. Por ejemplo, cuando dos placas oceánicas divergen, el magma asciende, se enfría y forma una cresta submarina. Los límites tectónicos se clasifican en: