Por Keith Dooley, actualizado el 24 de marzo de 2022
Una lámpara de sodio de alta presión utiliza vapor de sodio, junto con mercurio, para producir una iluminación brillante y energéticamente eficiente. El tubo de la lámpara, normalmente hecho de óxido de aluminio por su resistencia a alta presión, está sellado con gas xenón, que actúa como un iniciador que no reacciona con los otros gases.
Dentro del tubo, los vapores de sodio y mercurio forman un arco eléctrico cuando se encienden. La temperatura (y por tanto la presión) del vapor está gobernada por la energía suministrada. Una potencia más alta eleva la temperatura, aumentando la presión y la salida de luz. Un balastro inductivo mantiene una corriente constante, evitando picos de voltaje y garantizando un funcionamiento estable.
El balastro contiene un cable enrollado que genera un campo magnético cuando la corriente lo atraviesa. Este campo almacena energía, que el balastro libera para generar el pico de voltaje inicial necesario para encender la lámpara. Una vez que la lámpara está encendida, el balastro regula continuamente la corriente, protegiendo la lámpara y manteniendo un brillo constante.