Por Jo Pick – Actualizado el 24 de marzo de 2022
Los multímetros analógicos, que se distinguen por su clásica aguja oscilante, y los multímetros digitales, que muestran números en una pantalla, miden voltaje, corriente y resistencia. Si bien los medidores analógicos suelen ser más asequibles, responden más rápido y funcionan sin baterías (excepto cuando miden resistencia), también tienen inconvenientes importantes que pueden afectar la precisión y la confiabilidad.
La precisión es la desventaja más crítica de los medidores analógicos. Tres factores principales contribuyen al error de medición:
El movimiento de la aguja depende de un campo magnético, lo que la hace vulnerable al daño físico. La caída del medidor o el uso repetido pueden debilitar el mecanismo. Además, el "pegging" ocurre cuando la aguja oscila violentamente y golpea el extremo de la escala, especialmente si la escala está demasiado alta para el rango esperado. La vinculación frecuente puede degradar la precisión con el tiempo. Una técnica confiable para evitar esto es comenzar las mediciones en la escala más alta y bajar progresivamente hasta obtener una lectura clara.
A diferencia de los modelos digitales, los medidores analógicos carecen de las capacidades analíticas de los circuitos electrónicos. No pueden realizar mediciones de frecuencia, análisis de formas de onda u otros diagnósticos avanzados que proporcionan los multímetros digitales modernos. Seleccionar un medidor analógico significa renunciar a estas funcionalidades de alta gama.
Si bien los medidores analógicos siguen siendo útiles para evaluaciones rápidas y de bajo costo, los usuarios deben sopesar estas limitaciones con sus necesidades de medición específicas.