Por John Brennan, actualizado el 24 de marzo de 2022
Los polímeros sintéticos se han vuelto indispensables para la vida moderna y alimentan todo, desde artículos para el hogar hasta infraestructura crítica. Si bien su conveniencia y rendimiento son innegables, estos materiales también plantean desafíos importantes relacionados con el uso de recursos y la persistencia ambiental.
Estos compuestos aparecen en lugares sorprendentes. Por ejemplo, el 2-cianopropenoato de metilo del superpegamento se polimeriza formando una película resistente, la silicona RTV se endurece para formar juntas duraderas para uso automotriz y el nailon es la columna vertebral de las medias y las cuerdas industriales. Los poliésteres se entrelazan en la ropa, el polietileno recubre las bolsas de la compra, el PVC construye sistemas de plomería y el caucho proporciona agarre a los neumáticos.
Los polímeros son apreciados por su resistencia, flexibilidad, inercia química y resistividad. Un buen ejemplo es el copolímero ABS (acrilonitrilo/butadieno/estireno), que es a la vez duro y flexible, lo que lo hace ideal para parachoques de automóviles y estuches de cámaras. El poliestireno, otro polímero común, se puede moldear fácilmente en artículos como cubiertos de plástico, mientras que su forma de espuma expandida, conocida como espuma de poliestireno, proporciona un excelente aislamiento térmico para envases de bebidas desechables.
Los polímeros actuales se derivan en gran medida de hidrocarburos derivados del petróleo crudo, como el etileno y el 1,3-butadieno. Sin embargo, las reservas de petróleo son finitas. En marzo de 2011, los economistas de HSBC advirtieron que, suponiendo que no se realicen nuevos descubrimientos importantes, al mundo le quedan menos de 50 años de petróleo con las tasas de consumo actuales, una afirmación publicada en el New York Times. A medida que la producción de polímeros agota aún más este suministro limitado, la industria debe recurrir a materias primas alternativas para sostener el crecimiento futuro.
La propia inercia química que da a los polímeros su durabilidad también los hace persistentes en el medio ambiente. Un estudio de 2007 citado por Slate estima que una sola bolsa de plástico puede tardar hasta 500 años en descomponerse. Cuando se desechan, estos materiales resistentes pueden acumularse como basura, filtrándose a los cursos de agua y amenazando la vida silvestre.
Equilibrar los beneficios de los polímeros sintéticos con sus costos ambientales requiere una innovación continua tanto en el diseño de materiales como en la gestión de residuos.