Por Dan Fielder • Actualizado el 24 de marzo de 2022
Si bien el cuerpo humano contiene 11 sistemas de órganos principales, esta descripción general destaca cinco que son esenciales para el funcionamiento diario. Cada sistema alberga órganos y estructuras críticos que trabajan juntos para mantener la salud. El sistema nervioso actúa como comando central, coordinando las respuestas de todos los sistemas. Sin embargo, su eficacia depende de un sistema cardiovascular y respiratorio que funcione bien; sin un flujo sanguíneo y una oxigenación adecuados, la actividad nerviosa se deteriora rápidamente.
El sistema nervioso orquesta señales que controlan el movimiento, las sensaciones y las funciones autónomas. Comprende el cerebro, la médula espinal y los nervios periféricos. Los reflejos rápidos y los comportamientos complejos están mediados por impulsos eléctricos, mientras que el sistema endocrino colabora para regular el metabolismo y las respuestas al estrés.
A diferencia de las señales eléctricas del sistema nervioso, el sistema endocrino depende de mensajeros químicos (hormonas) secretadas en el torrente sanguíneo. Las glándulas clave incluyen la pituitaria, la tiroides, las suprarrenales, el páncreas y el hipotálamo. Estas hormonas gobiernan procesos como el crecimiento, el equilibrio hídrico y la respuesta del cuerpo al estrés.
También conocido como sistema circulatorio, está formado por el corazón, los vasos sanguíneos y la sangre. El corazón bombea sangre, suministra nutrientes, hormonas, oxígeno y elimina los desechos. Las arterias transportan sangre rica en oxígeno desde el corazón, mientras que las venas devuelven sangre sin oxígeno. El mantenimiento de la presión arterial es vital para la perfusión tisular.
El sistema respiratorio, que abarca las fosas nasales, la faringe, la laringe, la tráquea y los pulmones, gestiona el intercambio de gases. El aire entra por la cavidad nasal, pasa por la faringe (compartida con el tracto digestivo) y es guiado por la laringe hasta la tráquea. Luego, los pulmones extraen oxígeno y expulsan dióxido de carbono, lo que favorece la respiración celular.
El sistema digestivo descompone los alimentos para su absorción y energía. Después de la ingestión, los alimentos viajan desde la boca al esófago y luego al estómago, donde se produce la digestión mecánica y química. Los nutrientes se absorben en el intestino delgado, mientras que la materia no digerible pasa al intestino grueso y se expulsa. El hígado, parte de este sistema, produce bilis para ayudar a la digestión de las grasas.
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