Por Phil Whitmer, actualizado el 24 de marzo de 2022
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La membrana plasmática de una célula forma una barrera selectiva que protege el interior de moléculas dañinas al tiempo que permite la entrada de nutrientes esenciales. La difusión, tanto pasiva como facilitada, permite esta permeabilidad selectiva y es vital para la supervivencia celular.
Cada célula debe intercambiar iones, gases y pequeñas moléculas a través de su membrana semipermeable para llevar a cabo el metabolismo, regular el volumen y comunicarse con su entorno. Sin una difusión eficiente, las células no pueden recibir oxígeno, expulsar dióxido de carbono ni adquirir nutrientes.
Las membranas celulares están compuestas por una bicapa lipídica de fosfolípidos y glicolípidos, reforzada por colesterol, proteínas integrales y cadenas de carbohidratos. Esta disposición hace que la membrana sea impermeable a la mayoría de los iones cargados, lo que requiere mecanismos de transporte especializados.
La difusión pasiva mueve moléculas desde áreas de alta concentración a áreas de baja concentración sin gasto de energía celular. El proceso continúa hasta que se alcanza el equilibrio e incluye el movimiento de gases como O₂ y CO₂, así como el fenómeno impulsado por el agua conocido como ósmosis.
Cuando una célula necesita mover sustancias en contra de su gradiente de concentración, emplea transporte activo, impulsado por ATP. Las moléculas grandes no solubles en lípidos, como la glucosa y los aminoácidos, son bombeadas hacia el interior o el exterior de la célula mediante proteínas transportadoras específicas, lo que mantiene el equilibrio osmótico y previene la inflamación o el encogimiento celular.