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  • Cómo la crianza temprana da forma a su cerebro:la conexión con la expresión genética

    carga de forma/E+/GettyImages

    Si bien la diversidad genética nos diferencia a cada uno de nosotros, es la expresión genética la que define cómo códigos de ADN idénticos pueden producir funciones celulares muy diferentes. La expresión genética orquesta la transformación de una única célula embrionaria en los innumerables tejidos que componen nuestro cuerpo.

    Genes, exprésate

    Las células deben activar y desactivar genes para funcionar correctamente. Por ejemplo, una célula madre neural destinada a convertirse en neurona suprime los genes de las células madre mientras activa los específicos de las neuronas, un proceso conocido como neurogénesis que continúa desde el desarrollo embrionario hasta la edad adulta.

    ¿Qué impulsa los cambios en la expresión genética?

    Algunos cambios están integrados en el desarrollo, pero las hormonas, las sustancias químicas ambientales e incluso las mutaciones heredadas también modulan la actividad genética. Las hormonas dan forma a la diferenciación sexual en el útero e influyen en la pubertad, el crecimiento del cabello, la fertilidad y más. La exposición a mutágenos puede aumentar o disminuir la expresión genética, lo que se vincula con enfermedades como el cáncer. El alcohol, por ejemplo, puede alterar patrones de expresión que comprometen la nutrición. La metilación del ADN (agregar grupos metilo al ADN) sirve como un interruptor regulador clave:una mayor metilación suprime un gen, mientras que la desmetilación levanta el bloqueo. Consulte las referencias 1 y 2 para obtener información más detallada.

    Cómo entra la educación en la ecuación

    Las experiencias de la vida pueden dejar marcas duraderas en la expresión genética, e investigaciones recientes sugieren que incluso los acontecimientos de la primera infancia (a menudo demasiado tempranos para recordarlos) pueden reconfigurar el cerebro de por vida.

    Un estudio publicado en Science examinó cómo el cuidado materno afectaba a la descendencia de ratones. Los investigadores observaron diferentes estilos de maternidad (atento versus negligente) y midieron la metilación del gen L1 en los centros emocionales de los cachorros. Para aislar las influencias genéticas, intercambiaron cachorros entre camadas. Las madres atentas produjeron cachorros con una menor metilación de L1 (lo que indica una menor supresión genética) que los criados por madres negligentes, incluso después del intercambio. Esto demuestra que la crianza, no sólo la genética, determina los patrones de metilación.

    Implicaciones para la salud humana

    Estos hallazgos se hacen eco de estudios en humanos que muestran distintos perfiles de metilación en niños que experimentaron negligencia frente a aquellos criados con cuidados atentos. Aunque el trabajo con ratones es preliminar, plantea la posibilidad de que la metilación alterada de L1 pueda afectar la cognición, el estado de ánimo u otros resultados neurológicos. Identificar genes clave y comprender cómo los factores ambientales reconfiguran su expresión podría informar futuras intervenciones para afecciones de salud mental arraigadas en la adversidad temprana.

    Para los médicos, esta ciencia emergente ofrece una hoja de ruta para desarrollar tratamientos específicos que aborden la huella biológica del abandono.

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