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Los pulpos son cefalópodos marinos extraordinarios que han fascinado a los científicos durante milenios. Un estudio de 2022 publicado en Nature Communications desveló un fósil de Montana de 330 millones de años de antigüedad, lo que demuestra que estos animales son anteriores a los dinosaurios. Sin embargo, quizás las características más llamativas de los pulpos sean sus tres corazones y nueve cerebros distintos.
Cada pulpo posee una anatomía compacta, pero la presencia de sangre azul, rica en hemocianina, una proteína que se une al cobre, requiere un sistema circulatorio más eficiente que el de los mamíferos. Mientras que la hemocianina suministra oxígeno con menor eficacia que la hemoglobina basada en hierro, el pulpo lo compensa con un trío de corazones:uno bombea sangre oxigenada por todo el cuerpo, mientras que los otros dos hacen circular sangre desoxigenada a través de las branquias. Esta circulación robusta apoya su sistema nervioso parcialmente descentralizado, asegurando que la energía y el oxígeno lleguen a cada miembro y órgano.
A diferencia del único cerebro centralizado que tienen los vertebrados, los pulpos cuentan con nueve cerebros. Aproximadamente el 66% de sus neuronas residen en las extremidades, organizadas en ganglios, pequeños grupos parecidos al cerebro. Cada uno de los ocho brazos alberga su propio minicerebro, mientras que el noveno cerebro central se encuentra entre los ojos y rodea el esófago en forma de rosquilla. Esta disposición única permite un control independiente del brazo, una mayor percepción sensorial y capacidades avanzadas de resolución de problemas.
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La arquitectura neuronal distribuida de los pulpos se traduce en una inteligencia notable. Un estudio de 2011 en Current Biology demostraron que los nueve cerebros se comunican, lo que permite al animal integrar datos visuales y periféricos durante tareas complejas. En un experimento de laberinto, un pulpo logró mover su brazo a través de un laberinto transparente para alcanzar la comida, una indicación temprana de cognición coordinada.
Jon Ablett, curador de la colección de cefalópodos del Museo de Historia Natural de Londres, relata un pulpo que escapó de su tanque, abrió otro, consumió pescado, cerró la tapa, regresó y ocultó su acción, mostrando no sólo su capacidad de resolución de problemas sino también una sofisticada planificación conductual. Los pulpos también manipulan objetos, emplean herramientas e incluso abren frascos, lo que subraya su destreza y creatividad.
Más allá de la resolución de problemas, los pulpos pueden reconocer a humanos individuales y exhibir un camuflaje magistral, mezclándose perfectamente con los arrecifes de coral u otros entornos marinos. Este camuflaje adaptativo se encuentra entre sus mecanismos de escape más eficaces.