Warpaintcobra/Getty Images
Hoy en día, la Antártida es la región más fría, seca y ventosa de la Tierra:una vasta capa de hielo que domina el Océano Austral. Sin embargo, hace millones de años, el continente era un paisaje próspero, hogar de una diversa variedad de vida, incluidos los dinosaurios que alguna vez caminaron por sus verdes llanuras.
La Antártida, que cubre aproximadamente el doble del área de Australia y con capas de hielo de hasta 7.000 pies de espesor, es la masa de hielo más grande del planeta. A pesar de su apariencia árida, la capa de hielo desempeña un papel crucial en la regulación del nivel del mar, reflejando la radiación solar y sustentando algas microscópicas que absorben cantidades significativas de carbono anualmente. Una investigación reciente de 2025 reveló una red de cañones submarinos ocultos debajo del hielo, que ofrece nuevos conocimientos sobre la dinámica climática futura. Aún así, la biodiversidad actual del continente palidece en comparación con su riqueza prehistórica durante el período Cretácico.
Daniel Eskridge/Getty Images
Hace entre 34 y 35 millones de años, las temperaturas globales cayeron y la Antártida comenzó a acumular capas de nieve que se endurecieron hasta formar la enorme capa de hielo que vemos hoy. Antes de esta transformación, la Antártida formaba parte del antiguo supercontinente Gondwana. Durante el Cretácico, los niveles del mar eran unos 650 pies más altos que ahora, y la región estaba cubierta por una densa selva tropical repleta de vida. Reptiles marinos, invertebrados y una variedad de dinosaurios deambulaban por este exuberante oasis, dejando tras de sí un rico registro fósil.
Los primeros restos de dinosaurio en la Antártida se descubrieron en 1986:un anquilosaurio de entre 83 y 72 millones de años. Hallazgos posteriores revelaron una fauna de dinosaurios más amplia, incluido un titanosaurio litostrociano (la primera evidencia de saurópodo) en 2012, y un terópodo no aviar, Imperobator, en la isla James Ross en 2019. También se han identificado ornitópodos y dinosaurios con pico de pato, lo que subraya el pasado del continente como hábitat tropical.
SergeyNikolaevich/Shutterstock
Los árboles, animales y foraminíferos fosilizados (organismos unicelulares con conchas minerales) ofrecen una ventana a la historia climática de la Antártida. Al analizar estas conchas, los investigadores pueden estimar las temperaturas pasadas del océano. En un estudio de 2018 publicado en Global and Planetary Change, el Dr. Brian Huber y sus colegas midieron caparazones de foraminíferos cerca del Círculo Antártico y encontraron temperaturas de 86°F (30°C) a 58°S durante el Cretácico medio. Esta evidencia refuerza la idea de que el período Cretácico Invernadero fue notablemente más cálido que épocas cálidas similares en los últimos 66 millones de años.
Huber señaló que a mediados del Cretácico se produjo una expansión acelerada del fondo marino, lo que aumentó las emisiones volcánicas de CO₂ y contribuyó al clima más cálido del continente. Hoy, sin embargo, la capa de hielo de la Antártida se está reduciendo a un ritmo alarmante:aproximadamente 135 mil millones de toneladas métricas por año desde 2002, según la NASA. El rápido calentamiento contemporáneo, alimentado por las modernas emisiones de CO₂, plantea serias preocupaciones sobre la estabilidad futura del continente.