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Los seres humanos poseen una serie de características anatómicas vestigiales (pezones masculinos, por ejemplo), pero una de las más intrigantes es el órgano vomeronasal (OVN). Aunque a menudo se la considera “inútil”, esta pequeña estructura olfativa accesoria aún puede desempeñar un papel sutil en la fisiología humana.
El OVN es un saco diminuto situado en la porción anteroinferior del tabique nasal. Está conectado a una red vascular y glandular que alberga células sensoriales capaces de detectar feromonas. En muchos mamíferos, la activación del OVN desencadena la liberación de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH), que a su vez regula la producción de hormonas sexuales. Si esta vía sigue siendo funcional en humanos es un tema de debate continuo.
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Los relatos históricos remontan la primera descripción del OVN al anatomista holandés Frederik Ruysch en 1703, aunque la documentación concreta es escasa. El cirujano danés Ludwig Jacobson, quien acuñó el término "órgano de Jacobson", negó explícitamente su presencia en humanos en 1803. No obstante, investigaciones posteriores, que van desde la observación directa y el examen endoscópico hasta la tomografía computarizada, la resonancia magnética y la microscopía electrónica, han documentado estructuras similares a los OVN en un subconjunto de individuos.
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Cuantificar cuántos humanos poseen un OVN funcional sigue siendo un desafío. Un estudio de 1998 publicado en Acta Oto‑Laryngologica examinó 200 tabiques nasales de adultos. La rinoscopia anterior identificó un saco similar al OVN en el 16% de los sujetos, mientras que la endoscopia nasal aumentó la detección al 76%. Un informe anterior del Journal of Otolaryngology de 1985 encontró la apertura del órgano en el 39% de 100 adultos, pero los análisis post mortem revelaron estructuras de OVN en el 70% de las muestras. Datos adicionales sugieren una mayor prevalencia en los niños, y algunos estudios estiman la presencia en hasta dos tercios de los jóvenes.
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La investigación ha tratado de determinar si el VNO conserva un papel funcional. Una revisión de Cureus de 2018 analizó estudios que emplean potenciales eléctricos nasales evocados que insinuaban la actividad del receptor. Por el contrario, los análisis genómicos indican que los genes responsables de la detección de feromonas están pseudogenizados en humanos, lo que socava la probabilidad de un OVN funcional. Además, un artículo de 2011 de los Anales Europeos de Otorrinolaringología, Enfermedades de Cabeza y Cuello detalló el desarrollo embrionario del OVN, señalando conexiones iniciales con el hipotálamo que retroceden posnatalmente, cortando efectivamente la vía sensorial.
Si bien los humanos parecen capaces de producir y detectar feromonas (señales químicas que influyen en el comportamiento), la evidencia sugiere que la vía clásica mediada por VNO está en gran medida inactiva. Sin embargo, la presencia de este órgano en algunos individuos subraya la compleja historia evolutiva de nuestro sistema olfativo.