Por Darlene Zagata
Actualizado el 24 de marzo de 2022
Los meteoros, comúnmente conocidos como estrellas fugaces, son rayos de luz fugaces que se producen cuando partículas extraterrestres ingresan a la atmósfera de la Tierra a gran velocidad. La mayoría son diminutos, aproximadamente del tamaño de un grano de arena, pero ocasionalmente fragmentos más grandes descienden al suelo en forma de meteoritos.
El intenso calor generado por el rápido movimiento del meteoro hace que tanto el cuerpo como el aire circundante se ionicen. A medida que los gases ionizados se recombinan, emiten luz, creando el rastro luminoso que observamos.
Los meteoroides se clasifican en tres grupos principales según su composición elemental:
Los cometas, cuando son calentados por el Sol, arrojan polvo y rocas que forman una tenue cola. A medida que la Tierra cruza este rastro, innumerables meteoroides son arrastrados hacia nuestra atmósfera, produciendo espectaculares lluvias de meteoritos.
Si bien la mayoría de los meteoritos se originan a partir de asteroides o restos de cometas, una investigación del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Leicester indica que algunos tienen composiciones idénticas a las rocas lunares o al material de la superficie marciana, lo que implica que los impactos en esos cuerpos pueden expulsar material que luego llega a la Tierra.
El cráter Barringer en Arizona, también conocido como cráter Meteor, tiene una extensión de 1,2 km de diámetro y se estima que tiene 49.000 años.