Por Kevin Beck, actualizado el 30 de agosto de 2022
Fuente de la imagen:borchee/E+/GettyImages
Todo el mundo sabe que la gravedad nos mantiene anclados al planeta, pero la fuerza que lo hace sigue siendo uno de los misterios más fascinantes de la física.
Los astrónomos griegos antiguos notaron por primera vez que los cuerpos celestes se movían en patrones que sugerían atracción mutua, pero sin una explicación física. No fue hasta el Renacimiento, con Tycho Brahe y Galileo Galilei, que el modelo heliocéntrico reemplazó a los mitos centrados en la Tierra, sentando las bases para una teoría cuantitativa de la gravedad.
En 1687 Isaac Newton formalizó la gravedad con la ley:
F_{\text{grav}} = \frac{G\,m_1\,m_2}{r^2}
donde G =6,674 × 10 -11 N·m 2 /kg 2 . La ecuación predice la atracción entre dos masas cualesquiera y funciona notablemente bien para fenómenos cotidianos, desde la caída de manzanas hasta las órbitas planetarias.
La teoría de Newton supone una acción instantánea a distancia, un concepto incompatible con la velocidad finita de la luz. Albert Einstein, en 1915, resolvió esto reinterpretando la gravedad como la curvatura del espacio-tiempo causada por la masa y la energía. Desde el punto de vista de Einstein, los objetos se mueven a lo largo de geodésicas (los caminos más rectos posibles) en una estructura deformada de cuatro dimensiones.
Como la gravedad depende sólo de la masa y de la geometría del espacio-tiempo, una bala de cañón y una pluma caen al mismo ritmo en el vacío. En el mundo real, la resistencia del aire altera sus trayectorias, pero la aceleración gravitacional subyacente sigue siendo de 9,81 m/s². Esta aceleración universal es la razón por la que experimentamos un peso constante independientemente de lo que llevemos.
Las ecuaciones de Einstein se han confirmado en entornos extremos, como el estudio realizado en 2018 de un sistema de estrellas triples a 4.200 años luz de distancia. La rápida danza de un púlsar de milisegundos, una enana blanca y una enana blanca compañera sólo podría explicarse mediante la gravedad relativista, lo que coincide con las predicciones con una precisión extraordinaria.
Mientras los físicos todavía investigan los orígenes profundos de la gravedad, ya sea que surja de campos cuánticos o de cuerdas fundamentales, la simple ley del cuadrado inverso de Newton y la visión geométrica de Einstein forman juntas la base de la ciencia gravitacional moderna.