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  • Cómo los vuelos espaciales dañan a los astronautas:de la pérdida ósea a la salud mental

    Nisian Hughes/Getty Images

    Los vuelos espaciales siguen siendo la empresa más extraordinaria de la humanidad, pero las condiciones más allá de la Tierra cobran un alto precio fisiológico y psicológico. La gravedad, la atmósfera y el campo magnético únicos de la Tierra crean un entorno protector que el espacio no puede replicar. Incluso los hábitats más avanzados, como la Estación Espacial Internacional (ISS) y el Programa del Transbordador Espacial, no alcanzan el sistema de soporte natural del planeta, lo que expone a los astronautas a riesgos significativos.

    En la ISS, los astronautas se enfrentan a la microgravedad, una atmósfera delgada y una protección limitada contra la radiación cósmica. La vida diaria es limitada:el espacio para hacer ejercicio es reducido, los compartimentos para dormir requieren una posición erguida y la NASA restringe la elección de alimentos para preservar el peso y la seguridad. Si bien mantener la salud en órbita ya es un desafío, readaptarse a la gravedad de la Tierra puede ser aún más exigente. A su regreso, muchos astronautas experimentan trastornos del equilibrio que duran semanas, alteraciones del ritmo circadiano y alteraciones del sueño. Estos efectos a corto plazo enmascaran consecuencias más graves a largo plazo.

    La microgravedad provoca pérdida de músculos y huesos

    John Lamb/Getty Images

    En órbita, la ISS experimenta una caída libre constante, creando un entorno de microgravedad donde la gravedad de la estación es sólo el 89% de la de la Tierra. Esta carga mecánica reducida sobre huesos y músculos acelera el deterioro:los astronautas pierden aproximadamente el 1% de la densidad ósea que soporta peso cada mes. Los huesos debilitados y quebradizos luchan por soportar la gravedad de la Tierra, lo que genera problemas de movilidad y un mayor riesgo de fracturas. La recuperación ósea es prolongada; aquellos con misiones de más de seis meses pueden tardar años en recuperar una densidad saludable.

    Para contrarrestar estas pérdidas, los astronautas utilizan el Dispositivo de ejercicio de resistencia avanzado (ARED) basado en pistones. Si bien es esencial, incluso el entrenamiento riguroso no puede prevenir por completo la inevitable atrofia muscular y ósea que se produce durante la inactividad prolongada en microgravedad.

    Los corazones de los astronautas se encogen ante la ingravidez

    NASA/bryan Allen/Getty Images

    El estudio sobre gemelos de la NASA (2015-2016) reveló que el corazón del astronauta Scott Kelly disminuyó un 27% después de 340 días a bordo de la ISS, en comparación con su gemelo idéntico, Mark Kelly, que se encontraba en la Tierra. En ausencia de gravedad, el corazón no necesita bombear con tanta fuerza, lo que provoca una atrofia similar a la de otros músculos infrautilizados. A pesar de esta contracción, la función cardíaca no se vio comprometida. Sin embargo, la microgravedad también redistribuye la sangre, lo que provoca hinchazón facial y potencialmente conduce a afecciones cardíacas que reflejan el envejecimiento, como tejido muscular debilitado y arritmias. Las investigaciones en curso, incluido el cultivo de tejidos cardíacos diseñados en la ISS, tienen como objetivo dilucidar aún más estos cambios cardiovasculares.

    La exposición a la radiación aumenta el riesgo de cáncer

    Roberto Machado Noa/Getty Images

    El espacio está saturado de radiación ionizante, proveniente de partículas solares y rayos cósmicos. La magnetosfera y la atmósfera de la Tierra nos protegen de la mayor parte de esta radiación; la ISS, incluso en órbita baja, recibe mucha menos protección. Una misión de seis meses administra dosis de radiación comparables a aproximadamente 1.000 radiografías de tórax. Si bien la enfermedad aguda por radiación (ARS) puede causar daños sistémicos graves, el riesgo de cáncer a largo plazo sigue siendo una preocupación, especialmente para misiones prolongadas como un viaje a Marte. Dado que menos de 700 personas han volado alguna vez al espacio, los datos son limitados, pero la posibilidad de exposición a dosis altas sigue siendo un problema crítico de seguridad.

    Los vuelos espaciales largos alteran el microbioma intestinal

    Steve Gschmeissner/Biblioteca de fotografías científicas/Getty Images

    El intestino humano alberga un ecosistema diverso de microbios esenciales para la digestión, la inmunidad y la salud en general. El regreso de Scott Kelly después de 340 días mostró una disminución de Bacteroidetes (actores clave en el metabolismo) y un aumento de Firmicutes, que ayudan a descomponer nutrientes complejos. Estos cambios podrían comprometer el revestimiento intestinal y la digestión de los carbohidratos. Aunque la investigación actual aún es preliminar, comprender los cambios del microbioma es vital para garantizar la salud de los astronautas en misiones más largas.

    Los ambientes estériles debilitan el sistema inmunológico

    Buradaki/Getty Images

    Las naves espaciales como la ISS están diseñadas para ser lo más estériles posible, pero esta misma esterilidad puede socavar la resiliencia inmunológica. Los astronautas suelen sufrir erupciones cutáneas, herpes labial y reactivación de virus latentes como el herpes zóster. Un estudio de 2025 publicado en Cell Descubrió que las superficies de la ISS albergaban pocos microbios, principalmente de la piel de los astronautas, lo que limitaba la exposición a la diversa flora microbiana presente en la Tierra. Para mantener una inmunidad sólida, puede ser necesaria la exposición a una gama más amplia de microbios ambientales, lo que podría requerir un aumento controlado de la diversidad microbiana a bordo de la estación.

    El aislamiento tiene un impacto psicológico

    buradaki/Shutterstock

    Más allá de la salud física, el aislamiento afecta profundamente el bienestar mental. La EEI alberga una tripulación de seis personas, mientras que el resto de la humanidad permanece a 400 kilómetros por debajo. Las misiones suelen durar seis meses y la comunicación con familiares y amigos se limita a Internet. Los miembros de la tripulación provienen de diversos orígenes culturales, comparten espacios de vida reducidos y están privados de los ciclos naturales de luz solar, experimentando 16 amaneceres y atardeceres por día. Combinado con niveles de ruido constantes comparables a los de una autopista muy transitada, las alteraciones del sueño y el estrés psicológico son comunes. Para mitigar estos efectos, los astronautas realizan prácticas de atención plena, programan descansos para el cuidado personal y reciben paquetes de atención regulares desde casa.




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