Stephen Hawking sigue siendo uno de los físicos más célebres de nuestro tiempo, conocido por desmitificar teorías complejas y atraer al público con su ingenio. Pero más allá de su libro icónico, Una breve historia del tiempo , y sus apariciones en televisión, muchas facetas intrigantes de su vida siguen siendo menos conocidas. Los siguientes diez hechos resaltan la amplitud de su viaje, desde los primeros desafíos académicos hasta la cosmología pionera, e incluso sus aventuras más allá de la ciencia.
A pesar de que más tarde fue aclamado como un genio, los años escolares de Hawking estuvieron marcados por notas modestas. En la escuela St. Albans tuvo dificultades académicas, pero su curiosidad por los acertijos mecánicos (desarmar relojes y radios) insinuó una brillantez latente que luego afloraría en la universidad.
La fascinación de Hawking por las matemáticas lo llevó a estudiar física en el Trinity College de Cambridge. Expresó un claro desdén por la biología, describiéndola como “demasiado inexacta, demasiado descriptiva”, prefiriendo la naturaleza precisa y cuantitativa de la física teórica.
En Oxford, Hawking se unió al equipo de remo como timonel, un rol que requería liderazgo y precisión más que fuerza atlética. La experiencia amplió su círculo social y cultivó una rutina disciplinada, aunque también le exigió un tiempo alejado de sus estudios.
En 1963, tras un examen de rutina, Hawking recibió un diagnóstico de ELA, una condición que iría mermando progresivamente sus capacidades físicas. Si bien el pronóstico era desalentador, su determinación y el apoyo de su futura esposa, Jane Wilde, lo mantuvieron motivado para continuar su investigación.
En colaboración con James Hartle, Hawking presentó la propuesta sin límites en 1983, uniendo la mecánica cuántica con la relatividad general. Al comparar el universo con una esfera de cuatro dimensiones, argumentó que el espacio-tiempo no tiene bordes, lo que proporciona un nuevo marco para los modelos cosmológicos.
En 2004, Hawking admitió que se había equivocado en su predicción de 1975 de que los agujeros negros destruyen información. Una apuesta de 1997 con John Preskill se había basado en esta premisa, y la eventual concesión de Hawking reformuló las discusiones sobre información cuántica y termodinámica de agujeros negros.
Los elogios de Hawking incluyen la elección a la Royal Society (1974), la Medalla de Oro Pío XI (1975), el Premio Albert Einstein, la Medalla Hughes y la Cátedra Lucasiana en Cambridge (1979). Fue nombrado Comandante de la Orden del Imperio Británico y recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos en 2009. Aunque se le escapó el Premio Nobel, su impacto en la física es innegable.
En colaboración con su hija Lucy, Hawking fue coautor de La clave secreta del universo de George. (2007, 2009), que combina la narración con conceptos complejos como los agujeros negros y la cosmología, fomentando así la alfabetización científica en el público más joven.
Hawking discutió abiertamente la posibilidad de vida extraterrestre, enfatizando que si bien la vida primitiva podría ser común, la vida inteligente podría ser rara. Advirtió a la humanidad que se preparara para un posible contacto y destacó la necesidad de vigilancia científica.
A los 65 años, Hawking voló con Zero Gravity Corp y Virgin Galactic, experimentando ingravidez y realizando maniobras acrobáticas. Consideraba los viajes espaciales no sólo como una aventura personal, sino también como una vía estratégica para la supervivencia a largo plazo de la humanidad en medio del cambio climático y las amenazas geopolíticas.