Los estanques y los lagos son cuerpos de agua dulce continentales, pero la distinción entre ellos va más allá del simple tamaño. Históricamente, la denominación era arbitraria y hoy en día los limnólogos utilizan varias características físicas para diferenciarlas.
Si bien la mayoría de los lagos tienen una superficie mayor que los estanques, la profundidad es el factor clave. Los lagos tienden a ser más profundos, lo que limita la penetración de la luz solar hasta el fondo, creando una zona afótica. Los estanques, por otro lado, son zonas fóticas donde la luz llega al sustrato, permitiendo que las plantas acuáticas crezcan en toda la columna de agua.
En Maine, por ejemplo, Great Pond se extiende por 8.939 acres, mientras que KeokaLake cubre sólo 467 acres, lo que demuestra que la superficie por sí sola no es decisiva. Algunas masas de agua incluso llevan ambos nombres, como UnityPond (LakeWinnecook) y SilverLake (KittsPond) en RhodeIsland.
La profundidad también influye en las capas de temperatura. Los lagos a menudo presentan estratificación:capas superiores cálidas (epilimnion) y capas profundas más frías (hipolimnion). Los estanques suelen tener una temperatura uniforme porque el calor del sol mezcla el agua de manera uniforme.
Estas diferencias de luz y temperatura afectan la distribución de las plantas:en un estanque, la vegetación puede prosperar en todas partes, mientras que en un lago, las plantas suelen estar restringidas a los márgenes menos profundos.
Si bien los limnólogos no imponen un umbral estricto, la profundidad, la penetración de la luz y los perfiles de temperatura siguen siendo los criterios más confiables para distinguir los estanques de los lagos. En última instancia, las etiquetas que encuentra a menudo reflejan tradiciones de denominación locales en lugar de definiciones científicas.