Por Kelsey Childress
Actualizado el 24 de marzo de 2022
Foto de guenterguni/iStock/GettyImages.
El manto es la vasta capa que se encuentra entre el núcleo del planeta y la corteza. Desempeña un papel fundamental en la configuración de la superficie que habitamos, impulsando la actividad tectónica e influyendo en las erupciones volcánicas.
Los estudios mineralógicos revelan que el manto está dominado por minerales de silicato ricos en hierro, magnesio, aluminio y silicio. Estos elementos se combinan para formar las estructuras de perovskita y bridgmanita que constituyen la mayor parte de la masa del manto.
Debajo de la litosfera, el manto se divide en dos zonas principales:
Las corrientes convectivas del manto son el motor de la tectónica de placas. El flujo impulsado por el calor hace que la litosfera se desplace, creando volcanes, terremotos y el cambio lento y gradual de los continentes.
La región más superior del manto, la astenosfera, es una capa dúctil parcialmente fundida. La litosfera, que abarca la corteza y el rígido manto superior, flota sobre la astenosfera, formando las placas tectónicas que se mueven en escalas de tiempo geológico.
Comprender estas capas ayuda a los geólogos a predecir la actividad sísmica y evaluar la evolución geológica a largo plazo del planeta.