Por Geoffrey Weed | Actualizado el 24 de marzo de 2022
Las baterías de celda seca almacenan energía en un electrolito pastoso que contiene sólo trazas de humedad. A diferencia de sus contrapartes de celda húmeda, como las baterías de plomo-ácido que dependen de electrolitos líquidos, las celdas secas utilizan un medio semisólido que mantiene estable la química interna y reduce los riesgos de fugas.
En el núcleo de cada celda seca hay dos materiales primarios:típicamente zinc y dióxido de carbono o manganeso. Cuando estos componentes se colocan en la pasta electrolítica, se inicia una reacción química:el zinc se oxida mientras que el dióxido de carbono o manganeso actúa como cátodo. Este proceso redox produce un flujo de electrones que viaja a través del circuito externo, entregando energía utilizable.
Cuando ingresaron al mercado por primera vez, las celdas secas ofrecían una alternativa más segura y resistente a las celdas húmedas. Su electrolito de baja humedad minimiza el riesgo de fugas, incluso cuando la batería está boca abajo o sometida a vibraciones. La tecnología moderna de celdas de gel ha abordado muchas de las limitaciones de las celdas húmedas, pero las celdas secas aún destacan en aplicaciones que exigen portabilidad, bajo mantenimiento y una larga vida útil.