Por Timothy Banas, actualizado el 30 de agosto de 2022
El agua y otros líquidos se evaporan a velocidades que varían según la temperatura, la humedad, el flujo de aire y la superficie expuesta. Si bien la velocidad puede variar según las condiciones, la velocidad relativa entre diferentes líquidos permanece constante; por ejemplo, el etanol siempre se evapora más rápido que el agua en condiciones idénticas.
Comience observando el entorno donde realizará la prueba. ¿Estás dentro o fuera? ¿Cuál es la hora, la temperatura, la presión barométrica y la humedad relativa? ¿Qué tan rápido es el viento? ¿Está el cielo despejado o nublado? Realizar el experimento en interiores te permite controlar estas variables.
Llene una probeta graduada de 500 ml con el líquido que está probando. Inicie un cronómetro una vez que el cilindro esté lleno hasta la marca de 500 ml.
Verifique periódicamente el nivel del líquido. Cuando se observe una caída mensurable, detenga el cronómetro y registre tanto el tiempo transcurrido como la nueva lectura del cilindro. Por ejemplo, después de una hora, el nivel podría indicar 495 ml.
Reste la lectura final de los 500 ml iniciales. En el ejemplo, se han evaporado 500 ml - 495 ml = 5 ml de líquido.
Divide el volumen perdido por el tiempo transcurrido. En este caso, se evaporaron 5 ml en una hora, lo que produjo una tasa de evaporación de 5 ml/hora.
Recuerde que la tasa calculada es específica del contexto; variará con los cambios ambientales.