Por Allan Robinson
Actualizado el 30 de agosto de 2022
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El metano (CH₄) es un gas incoloro e inodoro que constituye la mayor parte del gas natural. Es apreciado por su combustión limpia y su amplia disponibilidad, lo que lo convierte en una piedra angular de los sistemas energéticos modernos y la fabricación de productos químicos. Si bien predomina la extracción comercial, el metano también se puede generar mediante una variedad de procesos, desde la conversión de carbón industrial hasta la fermentación de biogás.
El gas natural normalmente contiene alrededor de un 75% de metano. La extracción comercial implica una separación de varias etapas que elimina los hidrocarburos e impurezas más pesados, lo que produce metano de alta pureza adecuado para combustible, calefacción o materia prima química.
El carbón bituminoso, que contiene al menos un 15 % de material volátil, se puede gasificar para producir una mezcla de gas de síntesis rica en metano, junto con subproductos como CO₂, amoníaco y benceno. El proceso está bien establecido en entornos industriales y de generación de energía.
La mezcla de dióxido de carbono con hidrógeno en presencia de un catalizador de níquel impulsa la reacción de Sabatier, produciendo metano y agua. Este método se utiliza cada vez más en sistemas de circuito cerrado, como hábitats espaciales y almacenamiento de energía renovable.
La fermentación microbiana de estiércol, compost y otros desechos orgánicos en digestores anaeróbicos libera biogás, principalmente metano. Aunque todavía no es rentable a gran escala, el biogás ofrece una ruta sostenible para reciclar flujos de residuos y satisfacer las necesidades energéticas locales.
Los hidratos de metano (estructuras parecidas al hielo que se encuentran en el fondo del océano) representan una enorme reserva sin explotar. Los avances en la tecnología de extracción pronto harán que el metano derivado de hidratos sea un recurso comercial viable.