1. Alta temperatura: El nitrógeno y el oxígeno son relativamente no reactivos a temperaturas y presiones normales. Sin embargo, cuando se exponen a temperaturas muy altas, como las que se encuentran en los motores de combustión o los rayos, pueden reaccionar para formar óxidos de nitrógeno (NOx). Estas reacciones son impulsadas por un importante aporte de energía, que supera la barrera de energía de activación de la reacción.
2. En presencia de un catalizador: Si bien no es fácil convencer al nitrógeno y al oxígeno para que reaccionen, ciertos catalizadores pueden facilitar su combinación. Por ejemplo, el proceso Haber-Bosch, utilizado para producir amoníaco (NH3) a gran escala, utiliza un catalizador (normalmente óxido de hierro) para permitir la reacción entre nitrógeno e hidrógeno a alta presión y temperaturas moderadas. De manera similar, los convertidores catalíticos de los automóviles emplean catalizadores como el platino y el paladio para promover la oxidación de los óxidos de nitrógeno en gas nitrógeno menos dañino.
Es importante tener en cuenta: Estos son sólo dos ejemplos, y existen otros escenarios en los que el nitrógeno y el oxígeno pueden reaccionar. Las condiciones específicas necesarias variarán según el producto deseado y la vía de reacción deseada.